De todos los fenómenos de la naturaleza, la migración de las aves es, sin lugar a dudas, uno de los más sorprendentes. El fenómeno migratorio ha llamado la atención al hombre desde hace miles de años, aunque durante mucho tiempo no se entendiera como tal. En el tratado de Hesiodo (siglo VII a. de C.) "Trabajos y Días", ya se ofrecen consejos sobre las labores a realizar en el campo, relacionando éstas en muchos casos con la aparición o desaparición de unas u otras especies de aves. Baste reseñar que a principios del siglo XVIII, científicos tan renombrados como Carl Von Linné creían todavía que las golondrinas pasaban el invierno enterradas en el fango de las lagunas, entendiendo las "apariciones y desapariciones" como un fenómeno similar a la hibernación que realizan otros grupos de animales, de modo que las aves perderían sus plumas y se esconderían en todo tipo de escondrijos. Aún a mediados de nuestro siglo mucha gente pensaba que el Cuco se transformaba en Gavilán al llegar el otoño, incluyendo ambas especies en una sola que manifestaría dos formas distintas según la época.
Aristóteles fue el primero que, como en otros muchos campos, dio con la clave de este hecho; pero mientras que para unas especies admitía el cambio de lugar, para otras seguía siendo partidario de la hibernación. Y 23 siglos duró este enfrentamiento hasta reconocerse unánimemente que el motivo de las "desapariciones" eran los desplazamientos de las aves a otras zonas. La realidad es menos apasionante que todas las leyendas tejidas en torno al fenómeno de las migraciones, pero, si hoy día un periodista escribe que las collalbas atraviesan los Pirineos a través de un túnel, la prensa mundial se haría eco de esta noticia, aunque se tratase de una broma.
El estudio científico de estos desplazamientos es relativamente reciente. Las observaciones de campo han proporcionado información acerca de los cambios estacionales de la avifauna, de las épocas de migración, de los lugares de escala, de los problemas de alimentación de las aves, así como de su comportamiento migratorio, pero no cabe duda de que los datos obtenidos mediante el marcaje y posterior recaptura de los individuos marcados han sido de primera importancia para la interpretación de las migraciones.
El anillamiento científico de aves comienza con las experiencias de Mortensen en 1890 con Estorninos Pintos (Sturnus vulgaris) , que, junto con otras aves como cigüeñas (Ciconia ciconia) y ánades (Anas sp.) , ya le mostraron la eficacia del método elegido. Desde entonces, el anillamiento científico ha prevalecido como técnica de marcaje de aves por antonomasia. En 1903 el anillamiento es adoptado por la Estación de Rossiten como método de marcaje, y desde entonces el número de centros que lo utilizan, el número de aves que se anillan y el número de personas que se mueven en torno al anillamiento, no ha dejado de crecer. Para la labor de marcaje, las aves son capturadas por medio de redes o trampas concebidas para tal fin y que no presentan riesgos para ellas. A continuación se les coloca una anilla de aluminio ligero con un número que las individualiza, así como el nombre del centro responsable del anillamiento (en España las anillas llevan la mención "ICONA Ministerio de Agricultura, Madrid").
En España los primeros anillamientos se efectúan en 1929, a raiz de la creación de la Comisión del Anillado de las Aves, en el seno de la Sociedad Española de Historia Natural, pero la consolidación definitiva llegó con la fundación del Centro de Migración de Aves en 1957, dependiente de la Sociedad Española de Ornitología (SEO), que en la actualidad, junto con la Oficina de Anillamiento del ICONA, centraliza todo lo relacionado con el anillamiento de aves en nuestro país. En todos los países de Europa las personas encargadas de anillar las aves poseen muy buenos conocimientos ornitológicos y necesitan un permiso especial.
El anillamiento ha aportado información muy valiosa acerca de los ciclos biológicos de las aves, la estructura de sus poblaciones, su edad, su mortalidad, el tiempo que permanecen en un área de escala, su fidelidad a los diferentes lugares que visitan y sus vías de migración. Sin embargo, aproximadamente 2/3 de las aves migradoras se desplazan durante la noche, haciéndolo además a una altura tal que por lo general pasan desapercibidas para nosotros. Las primeras referencias sobre la migración nocturna de las aves se remontan al siglo XIX, cuando los astrónomos de la época observaban el disco lunar en noches de luna llena. Hoy día, un instrumento, cuyos recursos potenciales están aún por descubrir, se designa como una herramienta de altísimo valor en el estudio de la migración; hablamos del radar. Desde hace más de 20 años la Estación Ornitológica de Sempach (Suiza) trabaja con radares militares, fuera de uso, que han sido mejorados en estrecha cooperación con el Ejército Suizo, de modo que son combinados con sofisticados sistemas de registro de datos, llegando a convertirse en auténticos radares para pájaros. Mediante estos sistemas de radar somos capaces de medir la distribución altitudinal y la densidad de la migración, y obtener información exacta sobre la dirección de vuelo, altura, velocidad y patrones de cadencia de aleteo de individuos concretos. Cuando la antena del radar barre el espacio del entorno, se puede observar sobre la pantalla a las aves presentes en él; esta imagen se registra en un ordenador, que puede calcular después la densidad de las migraciones según su altitud.
De este modo pasamos desde una técnica altamente laboriosa, como el anillamiento, a otra que se proclama claramente como la más eficiente en el estudio de la migración de las aves y a través de la cual se responderán preguntas aún desconocidas: ¿siguen los migradores en el transcurso de su viaje puentes terrestres o vuelan en un ancho frente a través del Mar Mediterráneo y el Sáhara?¿Es cruzado el Desierto del Sáhara de una sola vez, mediante un gran vuelo o como una secuencia intermitente de vuelos nocturnos y descansos diurnos?
El Instituto Ornitológico Suizo trabaja en la actualidad en un proyecto a nivel de todo el Mediterráneo mediente el cual se aclararán muchas de estas incógnitas. Son firme propósito de estudio el curso estacional y la distribución espacial de la migración en distintos puntos estratégicos, dentro del área del Mediterráneo Occidental, entre los que se encuentra Málaga, donde, en colaboración con el Departamento de Biología Animal de la Universidad de Málaga, se estudiará la migración tanto prenupcial como postnupcial en base a los resultados obtenidos con el radar. La cooperación con científicos de España y otros paises garantizan la óptima combinación de la información procedente de estudios locales derivados del anillamiento y de la observación terrestre y de los datos del radar. Se trata de conseguir una mejor comprensión del significado de diferentes estrategias de migración en una extensa área que es crítica para grandes masas de aves que migran desde Europa a Africa y viceversa.
Antonio Román Muñoz es alumno interno del Depto. de Biología Animal.