La existencia de una asignatura optativa de Ecología en el nuevo Bachillerato L.O.G.S.E. abre la posibilidad de abordar desde una perspectiva más avanzada y compleja, un área de conocimiento que está en constante renovación y cuya demanda social continúa aumentando.
A menudo, con la intención de promover en los alumnos de la E.S.O. inquietud por los temas de medio ambiente se les ofrece una imagen de la Ecología y de la Naturaleza que, aunque quizá sea apropiada en la etapa, es excesivamente simplista y poco rigurosa para otros niveles. Se presenta a los ecosistemas como paradigmas de equilibrio y armonía en la que elementos vivos e inertes se influyen mutuamente en una delicada red de interacciones que sostiene una Biosfera estable. En este entorno, el hombre irrumpe como elemento discordante que irreflexivamente desbarata el equilibrio de la Naturaleza y lleva a esta y a sí mismo al desastre. De una forma sutil se establecen fronteras entre el hombre y el resto de la Biosfera como si este jugara bajo reglas diferentes. Frecuentemente hablamos del respeto a la Naturaleza o al medio ambiente y tras esta expresión escondemos cierto culto a lo desconocido, como el de un observador externo hacia un elemento extraño. Se trata de una actitud justificable pero probablemente poco rigurosa.
Desde un punto de vista ecológico, la historia de la Biosfera es una historia de estabilidad pero también de grandes catástrofes, algunas de ellas causadas por organismos diferentes del hombre. Hace unos 2.500 millones de años poblaban la Tierra seres unicelulares adaptados a una atmósfera sin oxígeno. La aparición de los primeros organismos fotosintéticos constituyó una catástrofe ecológica de proporciones gigantescas, ya que muchas de aquellas formas de vida debieron desaparecer o quedar relegadas a hábitats marginales, al aumentar progresivamente la concentración de oxígeno en la atmósfera. Aquella catástrofe sin embargo, propició la aparición de seres distintos que no sólo toleraban el oxígeno sino que ³aprendieron² a utilizarlo como oxidante para obtener un mayor rendimiento energético de las moléculas orgánicas. De aquella suerte de nuevos seres surgió, después de miles de millones de años de experimentos evolutivos, el hombre. El concepto de estabilidad referido a la Biosfera está inevitablemente ligado a un carácter transitorio.
Los registros fósiles demuestran que la diversidad biológica de nuestro planeta ha experimentado constantes altibajos. A las extinciones masivas de especies debidas a todo tipo de cambios geológicos han seguido periodos de explosión de la diversidad biológica, durante los que ha surgido una enorme variedad de nuevas formas de vida. La evolución biológica ha escrito y rescrito innumerables veces algunos fragmentos del relato de la vida en el planeta, hasta el punto de hacernos pensar que el secreto de la Naturaleza no está tanto en su estabilidad como en su sorprendente potencial creador. Si los cambios ecológicos catastróficos causados por unas bacterias fueron la semilla de nuestra especie, ¿cómo precisar cuál podría ser la futura cosecha de la actual ³inconsciencia² del hombre? La destrucción de parte de la Naturaleza por parte del hombre debido a su explotación desmedida no sería más impropia de la Biosfera que su conservación.
Esta paradoja sólo pretende hacer evidente que en realidad se propone de forma general (y esto afecta a nuestros alumnos) una visión ecológica de la Naturaleza hecha a nuestra medida, aunque generalmente no lo reconocemos así. Aspiramos a una Biosfera estable no porque esta sea realmente una característica esencial de la Naturaleza, sino porque es la Biosfera que interesa al hombre. Decimos querer defender la Naturaleza, pero en realidad somos nosotros quienes debemos ser defendidos.
Esta forma de abordar el problema da lugar en el ámbito social a una visión más pragmática de la Ecología, en particular de las relaciones hombre-entorno. A través de ella se ha materializado en un concepto que cada vez se extiende más en todos los ámbitos sociales y profesionales: Es el concepto de desarrollo sostenible, que aparece ligado a una nueva interpretación ecológica del hombre en la Biosfera y en el que se entremezclan conceptos no sólo ecológicos sino también económicos, históricos, y sociales. El concepto de desarrollo sostenible aparece por primera vez en 1986, en un informe que publicó tras tres años de trabajo la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, establecida por las Naciones Unidas ante la preocupación creciente por el deterioro progresivo del medio ambiente. En aquel informe, comúnmente conocido como el informe Brundtland (en honor de la presidenta de la Comisión) el desarrollo sostenible es definido como el conjunto de nuevos caminos de progreso social y económico que resuelvan las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades.
Desde una perspectiva práctica, el desarrollo sostenible constituye un modelo que aún debe concretarse enormemente para poder ser considerado siquiera como una alternativa real a los actuales modelos, pero la introducción y análisis de estos conceptos en la enseñanza de la Ecología en el Bachillerato puede ser la base de una estrategia muy provechosa.
Desde un punto de vista conceptual, el desarrollo sostenible permite ofrecer a los alumnos de Bachillerato una perspectiva actualizada y coherente del significado ecológico del hombre. Desde la perspectiva del desarrollo sostenible se acepta que todas las especies consumen una parte de los recursos de un ecosistema y al hacerlo destruyen parte del orden del entorno que es transformado en energía. Cuando un depredador consume una presa y metaboliza su alimento destruye parte del orden del ecosistema (el del organismo de la presa) y la energía obtenida la invierte en crear o mantener su orden interno, el orden de la especie depredadora. De la misma forma, el hombre destruye el orden de su entorno cuando tala árboles, quema combustibles, etc. y la energía que obtiene la emplea en crear orden de la propia especie construyendo edificaciones, carreteras,etc. Desde un punto de vista energético compartimos las mismas reglas del juego que el resto de los seres vivos y la regla de oro es muy sencilla: Los recursos no pueden ser consumidos o simplemente destruidos más rápidamente de lo que se renuevan. En este nuevo lenguaje, la idea de la explotación controlada de los recursos sustituye a aquella otra más vaga del respeto a la Naturaleza.
Por otra parte, desde un punto de vista didáctico, trabajar con el concepto de desarrollo sostenible abre innumerables posibilidades para que el alumno analice interdisciplinarmente temas muy variados (tales como el desarrollo económico, el equilibrio ecológico, el crecimiento demográfico, las desigualdades sociales, el comercio internacional, la contaminación ambiental, etc...) y los integre en una perspectiva global de la naturaleza del hombre. A través del concepto, el alumno podrá hallar multiples relaciones entre diferentes enfoques de problemas aparentemente no conectados y llegará a descubrir cómo metas que tradicionalmente se han considerado como intereses diametralmente opuestos, como es el caso del desarrollo económico y la conservación del medio ambiente, son en realidad caras de una misma moneda.
Manuel J. Andreu es profesor en el I.E.S. "Ben Gabirol".