Taxonomía del lince ibérico


L. Javier Palomo


El lince ibérico (Lynx pardinus) ha sido catalogado como uno de los Carnívoros más amenazado del mundo. Si su situación no ha recibido a menudo la atención que merece, seguramente se ha debido a que desde el punto de vista taxonómico con frecuencia se le ha considerado como una mera subespecie del lince boreal (Lynx lynx). Así lo hicieron, por ejemplo Ellerman & Morrison-Scott [Checklist of Paleartic and Indian mammals (1951)] y Corbet & Hill [A World List of Mammalian Species (1986)]. Este criterio fue aceptado por diversos tratados conservacionistas internacionales, como el Convenio de Washington o CITES, que incluían al lince ibérico dentro del grupo Felidae spp del Apéndice II. Los grandes mastozoólogos clásicos, sin embargo, ya apostaban por la validez de esta especie [Miller, Catalogue of the mammals of western Europe (1912); Cabrera, Fauna Ibérica. Mamíferos (1914)]. Recientemente este criterio ha sido aceptado por el Convenio de Berna (1986), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, 1988) y ha sido ³trasladada² al Apéndice I de CITES [Jackson, Cats News (1990)]. Wilson y Reeder [Mammal Species of the World (1993)] en su magnífica revisión aceptan la validez de esta especie. La mayoría de los autores actuales sostienen que el lince ibérico y el boreal son especies diferentes, y se basan tanto en estudios craneométricos como en el hecho de que en el pasado, y quizás también en la actualidad, han coexistido en los Pirineos y en amplias zonas de la Europa Central sin hibridarse. Sin embargo, la controversia sigue viva. Juan F. Beltrán, de la Estación Biológica de Doñana en Sevilla, junto con John E. Rice y Rodney L. Honeycutt, de la Universidad de Texas [Nature, 379: 407 (1996)] han secuenciado la región de control del DNA mitocondrial (D-loop) en las cuatro especies actuales de linces: lince ibérico (L. pardinus), lince boreal (L. lynx), lince canadiense (Lynx canadensis) y lince rojo (Lynx rufus), junto al de otras especies de félidos aparentemente próximos: caracal (Felis caracal), serval (Felis serval), jaguarundi (Felis yagouaroundi) y ocelote (Felis pardalis). El árbol filogenético que se obtiene, siguiendo el principio de máxima parsimonia, es muy interesante (Figura 1).

En primer lugar se confirma el monofiletismo del género Lynx, al margen de las diferencias y semejanzas morfológicas existentes. Además, el lince ibérico diverge sensiblemente tanto del lince canadiense como del boreal, por lo que puede y debe considerarse como una unidad evolutiva, o lo que es lo mismo, una especie filogenéticamente válida, y que desde un punto de vista tanto morfológico como genético, es única.
El lince ibérico muestra además un nivel mucho menor de divergencia en las secuencias de nucleótidos (0,006 %) que el lince rojo (0,61 %) o el lince boreal (0,69 %). Este hecho puede deberse a que la especie subsiste actualmente en forma de poblaciones muy fragmentadas y posiblemente bastante aisladas entre sí. Las técnicas intensivas de cultivo y las grandes obras de infraestructura impiden el contacto y favorecen la endogamia de las poblaciones. Según Rodríguez y Delibes [Biological Conservation, 61: 189 (1992)] sólo dos poblaciones, las situadas en Sierra Morena Oriental y en los Montes de Toledo, serían viables si se mantienen, y no empeoran, las actuales circunstancias. Las restantes poblaciones, aisladas y reducidas, pueden desaparecer a medio plazo por la pérdida de variabilidad genética. Quizás la confirmación de que el lince ibérico es una especie verdadera ha llegado demasiado tarde.

Luis Javier Palomo es Profesor Titular de Biología Animal