El estudio de la migración de las aves mediante la observación lunar


Félix Liechti y Antonio Román Muñoz


Aproximadamente las dos terceras partes de las aves migradoras se desplazan durante la noche. Por lo general, estas aves vuelan a tal altura que pasan desapercibidas y sólo algunas noches podemos oír los reclamos de las diferentes especies que están pasando.
Lo realmente interesante es el notable aumento en la frecuencia de observación durante las épocas de migración, en primavera y otoño. Cuenta Lynes, en sus recopilaciones sobre migrantes en pleno mar, que en cierta ocasión, navegando de noche muchas millas al oeste de la Isla de Creta, su buque fue invadido por golondrinas que se posaban sobre las cabezas de los tripulantes, dejándose coger fácilmente con las manos [Bernis, Migración en Aves (1966)]. Tampoco es raro oír noticias referentes a aves que durante la noche se estrellan con faros, torres de televisión y edificios iluminados. Baste reseñar el texto que aparece en el nº 40 de la revista La Ilustración Española y Americana (1887), de autor desconocido, en el que se narra cómo el faro de la Estatua de La Libertad actúa como un señuelo para las aves migradoras que son atraidas y deslumbradas por aquel intenso foco de luz y cómo los empleados del faro recogieron durante la mañana del 30 de Octubre de 1887, época de migración de las aves, la enorme cantidad de 1.475 pájaros muertos, de más de cien especies distintas.
Si miramos al disco lunar en noches de luna llena, podemos captar, de vez en cuando, el paso de algún ave. Así, en cualquier época del año podemos detectar el paso de una rapaz nocturna y quizás las noches de verano observemos algún chotacabras o incluso grupos de murciélagos o de grandes insectos de vuelo nocturno. Si la observación es con ayuda de un telescopio, es mucho más fácil ver a las aves en sus vuelos nocturnos (Fig. 1). Mediante esta técnica, se llevó a cabo en los años 50 una ambiciosa campaña de investigación en los Estados Unidos, obteniendo datos muy interesantes de la migración nocturna a lo largo de todo el continente americano [Lowery & Newman, Auk 83: 547 (1966)]. Es obvio que el número de aves censadas durante un periodo de tiempo concreto es proporcional a la intensidad de la migración. Sin embargo, se debe tener en cuenta determinadas variables, como son la distribución vertical de las aves, la visibilidad en relación a la distancia y la posición de la luna, que influyen directamente en el total de aves observadas. La falta de información sobre la distancia y visibilidad de las aves pone, a veces, en tela de juicio los resultados obtenidos mediante este método, y desde los años 60, coincidiendo con la utilización del radar para el estudio de las migraciones, la observación lunar ha caído bastante en desuso.
En ciertos estudios recientes sobre migración, que utilizan simultáneamente la observación lunar, infrarrojos y el radar, se ha podido comprobar cómo con buenos telescopios (de 20 ó 30 aumentos) se pueden detectar pequeños paseriformes a altitudes superiores a los 2.000 m e incluso, a veces, por encima de los 3.000 m.
Si es posible incluir un método calibrado y estandarizado para calcular la distancia a las aves, la observación lunar se convierte en un buen método para estudiar la migración a altitudes de vuelo de aproximadamente 1.500 m sobre el suelo, dependiendo de la posición de la luna. Un estudio llevado a cabo por más de 600 observadores, al Norte y Sur de Los Alpes, viene a mostrar novedosos resultados (Figura 2). Sorprendentemente, la mayoría de migrantes nocturnos prefieren no cruzar las cimas de las montañas, sino desviarse por las direcciones fijadas a lo largo de las líneas montañosas [Liechti et al. Avoceta 19: 68 (1995)]. Utilizando sólo el radar hubiera sido casi imposible registrar simultáneamente la migración nocturna cubriendo un área tan extensa y con tanto detalle.
Para los próximos periodos de migración postnupcial y prenupcial (otoño de 1996 y primavera de 1997 respectivamente) el Instituto Ornitológico Suizo (SOI) tiene previsto realizar un extenso estudio sobre la migración de las aves en el Mediterráneo Occidental. La parte principal del proyecto se basa en la instalación temporal de dos estaciones con radar, una en Málaga y otra en las Islas Baleares. De estas dos estaciones se obtendrá detallada información acerca de la temporalidad, dirección, velocidad y cantidad de migración. Simultáneamente, grupos de ornitólogos profesionales y aficionados de Portugal, Francia, Italia y España (donde participará el grupo local de la Sociedad Española de Ornitología SEO-Málaga y el Departamento de Biología Animal de la Universidad de Málaga), llevarán a cabo observaciones lunares a lo largo de la costa mediterránea. De este modo se pretende conseguir una visión nocturna a gran escala del transcurso de la migración. Experiencias similares realizadas en Los Alpes han demostrado que pueden darse efectos locales muy marcados en la concentración de las aves a lo largo de sus viajes migratorios.
Para que la observación lunar tenga éxito es necesaria la participación de un gran número de colaboradores. Para realizar esta actividad no se requiere un especial conocimiento sobre aves ni experiencia previa, motivo por el que está al alcance de todas las personas que estén dispuestas a dedicar algunas horas a mirar la luna en las noches en que esté llena. Sólo se necesita algo de entusiasmo y curiosidad por saber algo más sobre el misterio de la migración de las aves. Si estás interesado en colaborar puedes contactar con el Departamento de Biología Animal de la Universidad de Málaga.

Félix Liechti es Investigador del Instituto Ornitológico Suizo (SOI) y Antonio Román Muñoz es alumno interno del Departamento de Biología Animal.