Actualmente la aerobiología es una ciencia multidisciplinaria
que se ocupa del estudio de las partículas biológicas presentes
en el aire (p. e. esporas de hongos y granos de polen), así como
de las partículas o gases abióticos que afectan a los organismos
vivos (plomo, ozono, óxidos de N y S, etc.) [Nilsson, Ind. J.
Aerobiol. Sp. Vol.: 23 (1992)]. Estas partículas sufren
una serie de fenómenos durante el proceso aerobiológico:
liberación, transporte, deposición y resuspensión
(ver figura) [Spieksma, Allergol. et Immunopathol. 23: 20
(1995)], que dependiendo de la fuente de producción y del efecto
que pueda causar, suelen ser estudiados por ciertas ramas de la ciencia,
como la botánica, la zoología, la microbiología, la
meteorología, la física, la medicina, la bioquímica,
la agronomía, etc.
Dependiendo de la rama científica que se trate, los problemas
de la aerobiología varían mucho. Cuando el efecto es la alergia
(en el caso del polen: polinosis) el aerobiólogo trabaja con el
médico alergólogo, que desea saber cuáles son los
tipos y concentraciones de alérgenos en el aire que respiramos [Trigo
et al., Aerobiologia 12: 85 (1996); Toro et al., Acta
Bot. Malacitana 21: 57 (1996)]. Para ello no es suficiente que
los aerobiólogos identifiquen y cuenten al microscopio los granos
de polen y las esporas fúngicas alergógenas, sino que también
necesitan examinar la antigenicidad de estas biopartículas aerovagantes
[Rantio-Lëhtimaki, Aerobiologia 10: 175 (1994)]. Recientemente
se ha demostrado que los antígenos polínicos y fúngicos
pueden encontrarse en el aire en fracciones submicrónicas, importantes
para los sujetos alérgicos ya que pueden penetrar profundamente
en el tracto respiratorio (alveolos) y provocar reacciones asmáticas
inmediatas [Spieksma et al., Clin. Exp. Allergy 20: 273 (1990)].
Las muestras de antígenos sólo pueden analizarse (inmuno)-químicamente,
y además los métodos deben ser muy sensibles porque las cantidades
en la atmósfera son a menudo muy bajas (<10 ng m-3).
El aerobiólogo colabora con el agrónomo al informales
sobre la cantidad, tipos y viabilidad de las esporas de hongos que pueden
infectar a los cultivos (p. e. viñedos). No obstante, el polen también
tiene su aplicación en estudios sobre productividad agrícola,
ya que cuando en el aire hay más polen de plantas cultivadas (p.
e. olivo) habrá mas probabilidad de polinización con éxito,
y por tanto más frutos [Faegri and Iversen, Texbook of pollen
analysis (1989)]. En granos de polen también se estudia su viabilidad.

Una de las investigaciones más extendidas por el aerobiólogo
ha sido la búsqueda de modelos estadísticos que permitan
predecir con cierta fiabilidad las concentraciones de polen y esporas que
se van a encontrar próximamente en el aire. Muchos de estos modelos
se basan en la relación existente entre la concentración
de estas partículas en la atmósfera y diversos parámetros
meteorológicos como temperatura, precipitaciones, humedad, velocidad
y dirección de viento, etc. [Recio et al., Grana 35:
308 (1996), y Grana 36: 44 (1997)]. Estos parámetros
actúan en cada fase del proceso aerobiológico descrito en
la figura. Por ejemplo, para muchos pólenes, la liberación
se produce cuando una alta temperatura y baja humedad relativa produce
la dehiscencia higroscópica de las anteras [Bianchini and Pacini,
Int. J. Plant. Sci. 157: 739 (1996)]; el transporte y la
dispersión, cuando hay suficiente viento y ausencia de precipitaciones
que puedan arrastrar los pólenes hacia abajo por efecto de la gravedad,
etc. Factores como la temperatura y las precipitaciones también
actúan antes y después del proceso aerobiológico,
afectando a la productividad de células madres del polen, de yemas
florales, etc.
Los muestreadores aerobiológicos a veces recogen partículas
alóctonas, que han sido transportadas a grandes distancias (>100
km). Es el caso del polvo del Sahara transportado hasta el norte de Escandinavia
(subártico), cuyo origen se ha podido determinar fácilmente
por medio de trayectorias de masas de aire que analizan los meteorólogos
[Franzen et al., Atmos. Environ. 22: 3587 (1994)]. Nuestro
equipo de Málaga ha demostrado actualmente un caso parecido para
el polen de marihuana, que ha viajado desde el norte de Marruecos hasta
nuestras costas cuando se producían determinados movimientos de
masa de aire en la zona de Alborán [Cabezudo et al., Atmos. Environ.
31: 3323 (1997)].
En paleobotánica la aerobiología también tiene
una aplicación importante cuando se compara la deposición
actual del polen del aire con los pólenes fósiles que se
depositaron en los sedimentos. Debido a la elevada resistencia que presenta
su cubierta (exina) y a la diversidad morfológica, el polen es uno
de los principales elementos que analizan los paleontólogos a la
hora de reconstruir la historia y la vegetación de un territorio.
Esta interpretación se hace más objetiva cuando además
se conoce la relación existente entre las biopartículas aerovagantes
que se depositan en el suelo y las condiciones medioambientales antes de
su deposición [Hicks, Aerobiologia 8: 220 (1992)].
Con respecto a los contaminantes atmosféricos, cada vez se presta
mayor atención a los efectos que producen sobre los materiales (edificios,
monumentos histórico-artísticos, etc.) y los seres vivos.
Esta acción puede manifestarse tanto por sedimentación de
partículas sobre la superficie de los mismos como por el ataque
químico que producen al reaccionar el contaminante con el material.
En este sentido son importantes los ataques producidos por algas y líquenes
epilíticos y endolíticos, que ejercen una acción de
disgregación tanto química como mecánica, causando
una lenta destrucción de los materiales [Sainz, Aerobiologia
11: 161 (1995)].
Las investigaciones más curiosas son los estudios forenses para
averiguar la procedencia de alijos de drogas, asesinatos, etc. al encontrase
determinados tipos de pólenes (en cada zona y época hay una
vegetación determinada, por lo que también habrá unos
determinados pólenes en su medio) en las muestras de droga, ropa
de la víctima, etc. [Domínguez, en: Agashe (ed.) Recent
trends in aerobiology, allergy and immunology (1994)]. En las momias
egipcias se han encontrado, en los vendajes y superficies de la piel, granos
de polen procedentes de plantas que posiblemente se usaran como ofrendas
florales o en aceites para embalsamamiento.
Marta Recio Criado es Becaria Postdoctoral en el Departamento de
Biología Vegetal de la Universidad de Málaga y Francisco
Javier Toro Gil es Becario Predoctoral en el mismo Departamento.