Estudios cinéticos han demostrado que la porción
de sulfamilfosfato de faseolotoxina se une a la enzima para inhibir competitivamente
el sitio de unión del carbamilfosfato, resultando la acumulación
de ornitina en el tejido y la inhibición de la síntesis de
citrulina. Los efectos en las funciones bioquímicas como resultado
de la inhibición de OCTasa es un bloqueo de la síntesis de
arginina y un efecto inhibitorio sobre la síntesis de clorofila,
sin causar la degradación de ésta. Los síntomas en
la planta consisten en la aparición de clorosis (amarilleamiento
de las hojas), debido al efecto sobre la síntesis de clorofila.
Otra toxina que tiene su lugar de acción dentro del metabolismo
del nitrógeno es la tabtoxina, producida por varios patovares de
P. syringae, pv. tabaci, pv. garcae, pv. coronafaciens, dependiendo
de las condiciones de crecimiento o cultivo. La molécula segregada
por la bacteria no tiene actividad biológica, pero es convertida
mediante peptidasas de la planta, a un componente bioactivo llamado tabtoxina-ß-lactámico
que inactiva irreversiblemente a la enzima glutamina sintetasa bajo condiciones
de luz. Esto conlleva a una disminución de los niveles de glutamina
y la acumulación de amonio en los tejidos de la planta, causando
un desacople de la fotosíntesis y una destrucción selectiva
de las membranas tilacoidales. Los síntomas que se observan en la
planta son clorosis, necrosis y una reducción de la capacidad de
defensa de la planta (fitoalexinas) [Gross, Can. J. Microbiol. (1985)].
La capacidad de P. syringae de producir toxinas que inhiben
la biosíntesis de aminoácidos es un fenómeno ampliamente
distribuido afectando a otros enzimas dianas, y en general interfiriendo
el metabolismo de la planta y bloqueando la síntesis de los aminoácidos
que podrían integrar las proteínas de defensa de la planta
[Shaner y Singh (1992)]. Dicha capacidad de inhibir la síntesis
de aminoácidos en plantas puede ser aprovechada para diseñar
herbicidas de amplio espectro [Ver Encuentros en la Biología
nº 20 (1995)]. Además estas cepas productoras de fitotoxinas
son candidatas como microorganismos antagonistas para programas de biocontrol.
Existen otras fitotoxinas con mecanismos de acción diferentes
a los de faseolotoxina y tabtoxina. Tal es el caso de coronatina, toxina
producida por P. syringae pv. tomato, cuyo efecto se deriva de la
interferencia con la síntesis de etileno induciendo clorosis o las
toxinas que inducen necrosis, restringidas al patovar syringae y que se
denominan siringomicinas. El carácter lipopeptídico de las
siringomicinas les permite insertarse en la membrana plasmática
de la célula vegetal, donde provocan modificaciones de los distintos
sistemas de transporte; el efecto es una liberación lenta de metabolitos
desde la célula al espacio extracelular [Llácer et al. Patología
Vegetal. S.E.F. Valencia (1996)].
Victoria E. Durán Accino es doctoranda en Microbiología en la Universidad de Málaga