Desde hace años existe una tendencia cada vez mayor a favorecer
un concepto dinámico de la ciencia. Esta es presentada como un proceso
de constante adquisición, revisión y modificación
de conocimientos acerca de la Naturaleza, en contraposición a un
viejo punto de vista rígido y enciclopédico. Esta visión
actual de la ciencia se interesa de un modo especial por su dimensión
histórica ya que cualquier perspectiva en el tiempo permite evidenciar
ese carácter dinámico que se quiere resaltar. La historia
de la ciencia, como disciplina, es sin embargo un campo enormemente heterogéneo
y lleno de controversia en el que pueden reconocerse al menos dos formas
claramente diferentes de abordar la cuestión, y entre las que caben
todo tipo de posiciones intermedias.
Existe, por una parte, una historia de la ciencia hecha desde dentro
de ella misma. Esta es lógicamente la mejor conocida por quienes
nos movemos de una u otra forma en el campo de la ciencia a través
de artículos de revisión, de libros de texto, etc. Es una
historia hecha por los propios hombres de ciencia que participan activamente
en la empresa científica o se hallan muy próximos a ella.
Lo más característico de este tipo de historia de la Ciencia
es que generalmente los hechos son juzgados bajo el exclusivo prisma del
método científico y lo son de un modo a posteriori, desde
el punto de vista de un objetivo que ha sido alcanzado y que se considera
un éxito mayor o menor dentro de la disciplina. Suele ser por tanto
una historia de científicos para científicos que se acerca
bastante a lo que podríamos llamar una crónica de la ciencia.
En el otro extremo, existe una historia de la ciencia elaborada desde
fuera y cuyos límites se confunden con los de la Filosofía
de la ciencia. Aparentemente, la perspectiva que otorga la distancia para
evaluar un sistema de modo global debería conceder cierta ventaja
a la hora de un juicio histórico más completo. Paradójicamente,
este tipo de historia goza de poca resonancia dentro del ámbito
científico. La razón es fácil de comprender: se trata
de una postura que generalmente pone en cuestión el valor real del
método científico, no tanto por una falta de corrección
formal como porque se duda de que éste pueda ser realmente aplicado.
De modo muy general, este tipo de historia considera que la ciencia es
fruto de hombres que se ven condicionados en su actividad por factores
sociales, políticos y psicológicos, que no tienen relación
alguna con los fríos principios del método científico.
Por tanto, una misión de la historia de la ciencia es descubrir
de qué manera se desenvuelve la actividad científica en un
mar de condicionantes no científicos y en el que el método
se equipara a un ideal teórico que no siempre se materializa.
Uno de los filósofos-historiadores más conocidos dentro
de este campo es Thomas Kuhn. Un papel para la historia es el título
del primer capítulo de su libro "La estructura de las revoluciones
científicas" en el que expone su particular interpretación
de cómo la ciencia se ha ido desenvolviendo a lo largo de la historia.
Aunque con el tiempo Kuhn modificó algunas de sus ideas, para él
el progreso de la ciencia es esencialmente un proceso discontinuo que se
produce a saltos (revoluciones) aun cuando el ritmo de adquisición
de conocimientos sea constante. Kuhn considera que todas las disciplinas
científicas evolucionan de modo similar siguiendo una serie de etapas.
Inicialmente, cuando una parcela de la Naturaleza comienza a ser abordada,
se abre un periodo en el que coexisten diferentes hipótesis explicativas.
Cada una de ellas responde por lo general a sólo una parte de las
observaciones relacionadas con el problema y todas conviven sin demasiados
conflictos. Pero tras este periodo, una de las hipótesis, generalmente
de modo rápido, prevalece sobre las demás. Las causas de
este protagonismo son para Kuhn oscuras, ya que la hipótesis preponderante
no tiene por qué resultar ?mejor? desde un punto de vista científico.
Lo cierto es que el resto de las hipótesis van desapareciendo porque
pierden defensores que se hacen adeptos de la hipótesis dominante.
Así surge lo que el autor denomina un paradigma: un conjunto
de hipótesis aceptadas por la generalidad de la comunidad científica
y que sirven como referencia básica no discutible para la actividad
científica.
Comienza entonces un periodo de ciencia normal, presidido por
un paradigma sólidamente establecido. La actividad investigadora
se centra durante esta etapa en la reiterada confirmación del paradigma
o en el retoque de aspectos secundarios poco importantes. Las observaciones
que no concuerdan con el paradigma son desestimadas o infravaloradas. Es
quizá en esta fase sobre la que Kuhn desarrolla la crítica
más dura de la actividad científica. Frente a una imagen
romántica y apasionante del científico como hombre de espíritu
libre en busca de la verdad a través de su esfuerzo y su ingenio,
Kuhn ofrece otra en la que el científico es un tenaz operario de
la ciencia aleccionado en los principios de un paradigma que no discute;
un trabajador en busca de un prestigio entre sus colegas que se cifra en
ser capaz de alcanzar algún mínimo detalle relacionado con
el paradigma y que no hace sino confirmar lo que ya se sabía? No
es necesario explicar por qué las ideas de Kuhn no gozan de demasiada
simpatía entre muchos científicos.
Sin embargo, puesto que el paradigma inicial suele ser una respuesta
a sólo una parte de los fenómenos observados, las observaciones
contradictorias se van acumulando hasta que las insuficiencias del paradigma
se hacen demasiado evidentes. Surge así una etapa de crisis
en la que el paradigma se resiste duramente a ser modificado. Esta resistencia
se deriva del hecho de que desafiar al paradigma significa para el científico
exponerse al desprestigio, lo que desanima a muchos de ellos. Pero finalmente
el paradigma es sustituido por otro. Esta sustitución es lo que
Kuhn denomina una revolución científica.
Años más tarde, Kuhn modificó sus ideas hacia
una postura más moderada. Reconoció que existen criterios
objetivos a la hora de elegir paradigmas aunque no siempre se apliquen
y que la sustitución de un paradigma no siempre implica una ruptura
brusca. Pero en lo esencial, el autor mantuvo sus planteamientos originales.
Independientemente de lo especulativa que pueda ser la interpretación
de Kuhn sobre la ciencia a lo largo de la historia, lo cierto es que en
efecto pueden identificarse varios campos del conocimiento científico
en los que Kuhn pone de manifiesto las etapas de su modelo. Kuhn aplica
sus hipótesis a teorías, mayoritariamente dentro del campo
de la Física o la Química, que abarcan grandes parcelas de
la Naturaleza o que han resultado de una especial significación.
Pero quizá lo más revelador de las hipótesis de Kuhn
es que uno puede descubrir parcelas de la historia de la ciencia no exploradas
por el autor y en las que también puede reconocerse este peculiar
patrón de evolución histórica. Tal es el caso, por
ejemplo, de la neuroanatomía comparada del telencéfalo en
vertebrados. Esta disciplina es probablemente uno de tantos ejemplos que
pueden hallarse. Sin embargo, cuenta con un valor especial ya que por una
parte se trata de una parcela alejada de las que Kuhn emplea para apoyar
sus hipótesis, lo que da una idea del alcance conceptual que pueden
tener éstas; y por otra se trata de una cuestión reciente,
lo que nos permite conservar y examinar mayor número de detalles
históricos al tiempo que rejuvenece el modelo.
Uno de los campos más complejos e intrigantes dentro la neuroanatomía
comparada es el estudio de las relaciones evolutivas de la neocorteza de
mamíferos con otras estructuras del cerebro de otros vertebrados.
La tarea de responder a la pregunta ¿de dónde viene la neocorteza?
es una empresa que cuenta con unos 100 años de edad. Entre 1900
y 1935 pueden reconocerse en la literatura diversas hipótesis defendidas
por distintos autores. Unas defienden que la Neocorteza es homóloga
al córtex lateral de reptiles, otras al córtex dorsal y otras
a la cresta ventricular dorsal (DVR) (todas ellas estructuras del telencéfalo
de reptiles). Los argumentos de cada una de ellas descansan sobre datos
muy parciales de conexiones olfatorias en unos casos, datos embriológicos
en otros, etc. Ninguna de las hipótesis explica por sí sola
todas las observaciones. Estamos claramente en la etapa inicial descrita
por Kuhn. Sin embargo, en 1936 aparece publicado un libro clave en la neuroanatomía:
"Anatomía comparada del sistema nervioso de vertebrados incluido
el Hombre" cuyo primer autor C.U. Ariëns Kappers da nombre coloquial
al libro. En él se defiende la hipótesis de que la estructura
homóloga a la neocorteza de mamíferos es el córtex
dorsal de reptiles, en tanto la DVR de reptiles es homóloga al estriado
de mamíferos. Curiosamente en el texto no se aportan argumentos
nuevos para la hipótesis. Es más, a juicio de otros autores,
se subestimaron, malinterpretaron o ignoraron todos aquellos datos que
no concordaban con la hipótesis. Sin embargo, y a pesar de la ausencia
de argumentos científicos, la hipótesis de Ariëns Kappers
se impuso a partir de entonces con absoluta claridad sobre las demás.
Durante los siguientes 35 años no existieron teorías rivales.
Tenemos ya nuestro paradigma y la etapa de ciencia normal.
Sin embargo, las nuevas técnicas histoquímicas y de trazado
de conexiones fueron aportando datos nuevos, muchos de ellos contradictorios
con el paradigma. Por ejemplo, la conexiones de la DVR de reptiles resultaron
ser mucho más parecidas a las de la neocorteza de mamíferos
que a las del estriado. Tras la etapa de crisis, el paradigma fue finalmente
derribado y en la década de los 70 apareció una nueva hipótesis
en la que es la DVR la estructura que se considera homóloga a la
neocorteza. Surgió así un nuevo paradigma que sustituyó
al anterior tras años de resistencia: una discreta revolución
científica. Pero la historia continúa y actualmente el paradigma
vuelve a tambalearse, esta vez más rápidamente que la anterior.
Hoy existen varias hipótesis alternativas que se disputan el puesto
de paradigma en espera de una nueva y pacífica "revolución".
Manuel José Andreu Guerrero es Profesor de Enseñanza Secundaria en el I.E.S. José Cadalso (San Roque, Cádiz)