Nuevas perspectivas sobre la composición de la cubierta del grano de polen

Eva Domínguez Carmona y Antonio Heredia

 El grano de polen o gametofito masculino es una estructura bi o tricelular con una cubierta formada por dos capas, una interna denominada intina y otra externa, la exina. La intina, responsable de la formación del tubo polínico, está presente en todos los granos de polen cubriéndolos en su totalidad. Su composición es muy similar a la de la pared primaria de una célula somática, estando constituida fundamentalmente por polisacáridos y pequeñas cantidades de pectina y proteínas. La exina, por otra parte, cubre a la intina excepto a nivel de las aperturas germinativas donde está ausente o adelgazada. Es una capa gruesa y rígida responsable de la forma y ornamentación del grano de polen que es específica para cada grupo, por lo puede utilizarse como carácter taxonómico. La exina tiene como principales funciones proteger al gametofito de posibles daños físicos durante su transporte desde la antera al estigma de una flor, prevenir la desecación del mismo y además, servir de lugar de almacenamiento de las proteínas responsables de las reacciones de autoincompatibi-lidad. Hay casos en los que se habla de plantas con granos de polen ?sin exina?. Esta afirmación, sin embargo, no es del todo correcta ya que sí poseen una cubierta de exina aunque bastante adelgazada. Se trata de plantas procedentes de ambientes muy húmedos donde el gametofito no sufre estrés hídrico y, por tanto no es necesaria una cubierta excesivamente gruesa y rígida.
La composición exacta de la exina permanece aún desconocida. Se sabe que contiene proteínas, compuestos aromáticos y polisacáridos embebidos en una matriz altamente resistente. Dicha matriz o biopolímero, denominado esporopolenina, es de naturaleza prácticamente inerte y resiste la mayoría de los tratamientos químicos y enzimáticos de degradación y despolimerización tales como la acetolisis o el ácido fluorhídrico en medio acuoso. Su alta resistencia ha permitido que restos de esporopolenina se hayan detectado en muestras fósiles.
Brooks y Shaw en 1968 [Nature, 219: 532-533], comparando el espectro infrarrojo de la esporopolenina y de un polímero sintético a base de carotenos, llegaron a la conclusión de que aquella estaba formada por una mezcla de carotenos y ésteres de carotenos. Sin embargo, esta hipótesis, aunque vigente durante muchos años, ha sido cuestionada desde el principio. Los intentos por parte de Shaw y otros autores de encontrar esporopolenina marcada usando ácido mevalónico radiactivo como precursor de la biosíntesis de carotenoides resultaron negativos. Se obtuvieron carotenos marcados radiactivamente pero no a nivel de la esporopolenina. Hoy en día la mayoría de los autores consideran dicha hipótesis errónea y abogan, basándose en estudios de resonancia magnética nuclear (RMN), por una composición fundamentalmente alifática de la misma a base de ácidos carboxílicos y alcanos de cadena larga a la que se encuentra unido o atrapado estructuralmente, un dominio molecular aromático. No obstante, todavía se ignora la forma en la que estos componentes estarían unidos para dar lugar a un biopolímero insoluble y refractario. De hecho, la principal dificultad para la aceptación de esta hipótesis es que a priori una mezcla de ácidos mono o dicarboxílicos con n-alcanos sería fácilmente degradable por procedimientos químicos tradicionales, hecho que no ocurre con la esporopolenina. Sin embargo, la controversia de los carotenos aún no ha desaparecido. Shaw y Apperley en un reciente trabajo [Grana, 35: 125-127 (1996)] cuestionan la presencia de compuestos alifáticos y vuelven a proponer una composición de naturaleza fundamentalmente carotenoide. Dichos autores, se basan en la aparente similitud en el análisis de los espectros de RMN de la esporopolenina y el de una mezcla sintética de carotenos.
Desde un punto de vista ultraestructural y morfológico, la existencia de un biopolímero resistente en la cubierta del gametofito es una garantía para la preservación del mismo. En este sentido es interesante constatar la presencia de determinadas estructuras con un alto grado de resistencia a la degradación química y enzimática en otros complejos biopolímeros de barrera tales como la cutícula de las plantas superiores o la pared celular de determinadas microalgas. Las cutículas vegetales de algunas plantas presentan cantidades significativas de un biopolímero altamente resistente denominado cután [Villena y Heredia, Encuentros en la Biología, 24: 4 (1995)] formado por un entrecruzado tridimensional de cadenas hidrocarbonadas unidas por enlaces tipo éter, estructura que estaría de acuerdo con la extraordinaria estabilidad química de este biopolímero. Dicho cután está presente en altas proporciones en las cutículas de las hojas de monocotiledóneas tales como Agave americana o Clivia miniata. Por otro lado, la pared celular de microalgas, como Chlorella y Botryococcus, presenta cantidades significativas de un biopolímero hidrocarbonado de composición elemental semejante.
La mayoría de las características y propiedades físico-químicas de la exina de algunos granos de polen y del cután extraído de determinadas membranas cuticulares, presentan un elevado grado de semejanza e identidad. De dicha identidad destacaríamos sus propiedades térmicas y la homología de grupos funcionales observada mediante el análisis de sus espectros de infrarrojo, así como la sorprendente semejanza en los componentes finales identificados mediante espectrometría de masas tras una ozonolisis exhaustiva de las muestras, tal y como hemos observado en nuestro laboratorio aplicando un mismo procedimiento de extracción y purificación final de ambos biopolímeros. Todos estos datos sugieren la hipótesis de una ruta de biogénesis común o muy similar en ambos casos. Esto conduce a la idea propuesta por Scott [En: Molecular and cellular aspects of plant reproduction, pp 49-81 (1994)]de la existencia de una familia de biopolímeros de composición similar, cada uno de los cuales estaría especializado en la protección de determinadas zonas de la planta. Esta hipótesis está siendo investigada actualmente.

Eva Domínguez Carmona es Becaria de F.P.I. en la Estación Experimental La Mayora, CSIC, Málaga.
Antonio Heredia es Profesor Titular de Bioquímica en la Universidad de Málaga