Toxinas bacterianas causantes de necrosis en plantas

 Eva Arrebola Díez

 Una de las bacterias fitopatógenas más estudiada es Pseudomonas syringae, causante de importantes daños en cultivos hortícolas y de árboles frutales. Como ya se señaló en números anteriores, [ver Encuentros en la Biología, 34 (1996)], esta bacteria, al igual que muchas otras bacterias fitopatógenas, produce una serie de sustancias al interaccionar con la planta hospedadora que incrementan su virulencia. Un grupo muy importante de este tipo de sustancias (denominadas factores de virulencia), son las fitotoxinas, cuyo mecanismo de acción es muy variado.
En general, se pueden distinguir dos modos de acción fitotóxica: unas toxinas actúan como antimetabolitos en rutas de biosíntesis de aminoácidos; y otras como desestabilizadores celulares, [ver Encuentros en la Biología, 43 (1997)]. Este último grupo está compuesto por fitotoxinas del tipo de las siringomicinas y las siringopeptinas, producidas por cepas de P. syringae pv. syringae, y responsables de la aparición de los síntomas necróticos en el punto de ataque bacteriano en la planta enferma. Ambos tipos de fitotoxinas, siringomicinas y siringopeptinas, tienen una composición muy similar, consistente en un ácido graso de longitud variable unido a un péptido cíclico a modo de cabeza de la molécula (lipodepsipéptido); que les confiere, además de actividad fitotóxica, actividad antimicrobiana. Sin embargo, varían en el espectro de acción antimicrobiano, ya que las siringomicinas poseen mayor capacidad antifúngica, y las siringopeptinas actúan con mayor actividad sobre bacterias gram positivas, [Quigley y Gross, Molecular Plant-Microbe Interactions, 7:78-90, (1994)]. La diana de las toxinas lipodepsipeptídicas de esta bacteria está ubicada principalmente en la membrana plasmática de la célula hospedadora; recientemente se ha demostrado que las siringomicinas inducen poros transmembranales en bicapas lipídicas artificiales, causando un incremento en la conductancia de los canales iónicos, y dando lugar al flujo pasivo de iones a través de la membrana y por tanto a fluctuaciones incontroladas de sus niveles a ambos lados de la misma. Así, pequeñas cantidades de siringomicinas causan un incremento en el paso transmembranal de K+, H+ y Ca++ , lo que resulta letal para la célula, y provoca la formación de manchas necróticas en el tejido enfermo. Por ejemplo, la entrada de Ca++ de forma masiva, da lugar a la activación de una cascada de reacciones asociadas a señales celulares, que da como resultado la incorporación de calosa en el interior de las paredes de las células vegetales incrementando su grosor, [Hutchison y Gross, Molecular Plant-Microbe Interactions, 10: 347-354 (1997)].
El hecho de que P. syringae pv. syringae produzca, además, fitotoxinas lipodepsipeptídicas de la clase de las siringopeptinas, sugiere que la producción de toxinas podría representar un papel importante en la interacción patógeno-planta. A esto contribuye el hecho de que mutantes incapaces de producir siringomicinas, debido a la inactivación de genes involucrados en su biosíntesis, como syrB o syrC, reduzcan su virulencia en un 35%. Sin embargo, estos mismos mutantes, pueden recuperar la virulencia a niveles similares a los de las cepas salvajes por la producción de grandes cantidades de siringopeptinas.
Ambos tipos de fitotoxinas actúan simultáneamente causando variaciones en los niveles de electrolitos en las células vegetales, y produciendo la muerte celular, y por tanto, dando lugar a la aparición de síntomas necróticos en los tejidos afectados. En cambio el análisis comparativo de la actividad fitotóxica observando las tasas de respiración, variaciones de la actividad ATPasa y medidas de potenciales de membrana en mitocondrias de células vegetales, señalan a las siringopeptinas como moléculas con mayor potencial fitotóxico que las siringomicinas. De hecho, esta diferencia se observa de forma experimental cuando preparaciones de mitocondrias de origen vegetal son incubadas, durante cinco minutos y por separado, con cada una de estas toxinas purificadas antes de añadirles el sustrato de la respiración. Los resultados indican que solamente se necesita 0,1 mM de siringopeptina para producir un desajuste total de la fosforilación oxidativa, mientras que se necesita una concentración cien veces mayor (10 mM) de siringomicinas para poder detectar algún efecto inhibidor, [Di Giorgio et al., Physiological and Molecular Plant Pathology, 48: 325-334 (1996)]. De acuerdo con estos resultados se ha confirmado que aunque las siringomicinas se producen en mayor cantidad por las cepas de P. syringae pv. syringae, tienen un menor o nulo efecto sobre las mitocondrias de las células hospedadoras, mientras las siringopeptinas, aun estando en menor proporción, llegan a afectar a la respiración celular de manera más intensa. Esto no significa que las siringopeptinas sean más útiles para la bacteria, ya que aun siendo las siringomicinas y las siringopeptinas dos moléculas muy parecidas y con efectos similares, tienen cometidos distintos en el desarrollo de la enfermedad en la planta. De hecho, se ha planteado la posibilidad de que siringopeptinas y siringomicinas no se liberasen de igual forma en la naturaleza [Iacobellis y cols., Physiologycal and Molecular Plant Pathology, 40: 91-105 (1992)]. Los experimentos que realizaron se centraron en la adhesión de siringomicinas y siringopeptinas a macromoléculas, demostrando que la acción fitotóxica y antifúngica aparecía en la parte del cultivo correspondiente a siringomicinas unidas a macromoléculas, por lo tanto, lo que llamamos siringomicinas podría ser una mezcla de dos sustancias, una de bajo peso molecular correspondiente a la toxina y otra distinta de alto peso molecular. Este no parece ser el caso de las siringopeptinas, ya que estas no parecen unirse a ningún tipo de macromolécula. Así, el componente principal de las siringopeptinas, siringopeptina 25A, es responsable de la actividad fitotóxica de forma directa, mientras que las siringomicinas son responsables de la actividad antimicrobiana.
Aunque el complejo de siringomicinas es posiblemente secundario en la patogénesis, podría ser importante en la autoprotección de P. syringae pv. syringae, o de forma más general, podría estar implicado en la competencia y supervivencia de la bacteria en su hábitat natural, ya que P. syringae pv. syringae es una bacteria que puede sobrevivir largos periodos de tiempo en la superficie de la planta y producir sustancias antimicrobianas durante la fase epifita y minimizar así las invasiones secundarias de los tejidos infectados.
Por tanto, la combinación del poder antifúngico de las siringomicinas, y del poder citotóxico de las siringopeptinas, así como el poder detergente de ambas, proporcionan a P. syringae pv. syringae armas fundamentales para competir e interaccionar con otros microorganismos presentes en su nicho biológico, así como facilitar la inducción de necrosis en el tejido vegetal y facilitar el inicio de la enfermedad.

 Eva Arrebola Díez es doctoranda en el depto. de Microbiología de la Universidad de Málaga