Gracias al desarrollo de potentes computadoras y de programas que llevan
a cabo cálculos teóricos, podemos disponer de representaciones
gráficas que nos muestran cómo son aquellas estructuras a
nivel molecular que no alcanzamos a discernir con el más potente
de los microscopios electrónicos. Cada vez con más frecuencia
nos encontramos estas representaciones ilustrando publicaciones científicas,
libros de texto y, poco a poco, incluso se van incorporando a la práctica
docente.
Estas representaciones y esquemas de modelos moleculares pueden completar
nuestra visión de la estructura de la materia, facilitando la visión
estereoscópica de las moléculas, observando de forma directa
cómo se relacionan distintas partes de una estructura o mostrando
cómo interaccionan y se complementan moléculas como proteínas
y ácidos nucleicos o enzimas con sus sustratos. Sin embargo, un
mal conocimiento de los principios y modelos teóricos a partir de
los cuales se generan estas estructuras teóricas nos podría
conducir a una interpretación errónea de las mismas. Además,
una vez más hay que recordar que trabajamos con modelos que interpretan
la realidad física, la cual no tiene por qué coincidir con
ellos.
Uno de los métodos de modelización molecular más
empleado para generar estos modelos moleculares es la Mecánica Molecular
(MM). Su fundamento consiste en expresiones analíticas que expresan
la energía total de un sistema en términos de interacciones
interatómicas. Los diferentes parámetros de la ecuación
se fijan a priori, partiendo de estudios empíricos tipo resonancia
magnética nuclear, análisis conformacional, difracción
de electrones, etc. Después, mediante derivaciones sucesivas de
la función de energía potencial que define el sistema objeto
de estudio se obtienen estructuras optimizadas energéticamente (mínimos
de energía locales generalmente). Otro método es el denominado
de Monte-Carlo, en el cual mediante variaciones de los ángulos diedros
se generan sucesivas estructuras al azar, y se selecciona aquella de menor
energía, a partir de la cual se vuelven a obtener más estructuras.
Con estos métodos se generan estructuras de proteínas, ácidos
nucleicos y otras biomoléculas, las cuales se pueden representar
por diversos métodos como los conocidos modelos de varillas, las
esferas CPK (Corey-Pauling-Koltum) o las superficies de potencial
electrostático entre muchos otros (en la reciente monografía
de A. R. Leach, Molecular Modelling. Principles and Applications,
Addison Wesley (1996) puede encontrarse en detalle los fundamentos de estos
métodos).
Los modelos obtenidos mediante MM representan estados teóricos
de las moléculas, cercanos al mínimo energético, que
nos proporcionan una visión estática de las estructuras cuando,
por el contrario, las biomoléculas se caracterizan por ser sistemas
dinámicos que evolucionan en su estructura y propiedades al tiempo
que lo hace el medio en el que se encuentran. Es importante además
enfatizar, el tercer principio de la termodinámica nos lo recuerda,
que la estructura de la materia a nivel molecular es dinámica: todas
las moléculas varían constantemente en su morfología.
Lo que observamos a nivel macros-cópico es un promedio de ellas.
Un cristal de una proteína purificada viene a contener unas 1020
moléculas de proteína y es improbable que en un momento dado
una sola presente la estructura promedio. Los diferentes movimientos a
nivel molecular pueden ser visualizados como pequeñas oscilaciones
alrededor de una conformación de máxima estabilidad. Los
movimientos que experimentan pueden ser de diferente categoría:
fluctuaciones atómicas, rápidas vibraciones al azar de corto
alcance (menos de 0.5 Å); movimientos colectivos, desarrollados por
grupos de átomos o grupos funcionales que actúan como una
unidad sobre largas distancias en una escala temporal de 10-12
a 10-3 s, o cambios conformacionales de
amplias regiones de la estructura que abarcan distancias de hasta 1 nm
en tiempos de 10-9 hasta 103
s.
Un modelo teórico que nos permite explorar las estructuras moleculares
y sus evoluciones en el tiempo, en función de las distintas condiciones
físicas y químicas del medio, es el conocido como Dinámica
Molecular (DM). La DM simula los movimientos moleculares para visualizarlos
en tiempo real. Los períodos de tiempo estudiados son del orden
de varias decenas de picosegundos (ps, 10-12
s), si bien se generan estructuras cada femtosegundo (fs, 10-15
s). Cada átomo se trata como una partícula que obedece las
ecuaciones de Newton [F = m(d2r/dt2)]
y que está ligado a los otros átomos que forman la molécula
por una función de energía potencial que tiene en cuenta
las distintas interacciones entre ellos. Las integraciones sucesivas de
esta ecuación en función del tiempo proporcionan una trayectoria
del átomo. Es importante remarcar que este modelo nos proporciona
estructuras promediadas en el tiempo de simulación. La introducción
de la variable tiempo, así como la posibilidad de evaluar propiedades
termodinámicas (temperatura, capacidad calorífica…) promediadas
en el tiempo, hacen de estos modelos de DM una visión aceptable
de una realidad dinámica. La inclusión de la variable tiempo
en el análisis de la estructura molecular proporciona una increíble
cantidad de detalles, aun cuando el tiempo asumido en el estudio sea pequeñísimo.
Las aplicaciones actuales de la DM son, entre otras, el análisis
conformacional de macromoléculas (proteínas, polímeros...),
gracias al cual podemos estudiar las variaciones de conformación
de una estructura, como podemos ver en la figura de la página anterior.
Se trata de cuatro instantáneas de una simulación teórica,
llevada a cabo en nuestro laboratorio, del biopolímero cutina, un
poliéster de ácidos grasos hidroxilados presente mayoritariamente
en la cutícula vegetal de frutos y hojas. Las imágenes corresponden
a las conformaciones obtenidas tras 11 (modelo A), 25 (B), 32 (C) y 41
(D) ps de simulación, equilibrada a 303 K. Se distinguen las cadenas
metilénicas en gris y los oxígenos, en tono más oscuro,
de hidroxilos, carbonilo y enlaces éster que unen el biopolímero
(los hidrógenos se eliminaron para una mayor claridad). La superficie
más externa representa el volumen molar teórico y permite
apreciar cómo se forman y cierran huecos en el polímero,
autoensamblaje y posterior expansión del biopolímero, a medida
que los esqueletos de enlaces carbono-carbono varían su conformación.
Otra aplicación importante de la DM es el cálculo
de coeficientes de difusión de solutos en plásticos artificiales,
membranas lipídicas y biopolímeros, así como la formación
de clusters de agua alrededor de proteínas y las interacciones entre
componentes de distintos componentes de un sistema complejo, como es el
caso de la lignina con las microfibrillas de celulosa.
Sin embargo, una importante aplicación de la DM como es su uso
en las aulas, aún no se ha extendido notoriamente, y hay que entender
las dificultades técnicas que su uso conlleva. No obstante, habría
que evaluar sus ventajas como herramienta para imprimir en el estudiante
el carácter dinámico de los sistemas biológicos, aun
más a nivel molecular, y lograr una mejor comprensión de
los fenómenos moleculares a veces tan difíciles de asimilar
mentalmente.
Antonio Matas es alumno de 4º curso de la Licenciatura de Biología
Antonio Heredia es Profdesor Titular de Bioquímica en la
Universidad de Málaga