Durante más de tres mil quinientos millones de años
los procariotas han desarrollado capacidades metabólicas sorprendentemente
diversas, pero dentro de una muy limitada variación morfológica.
En cambio los eucariotas, sobre todo los pluricelulares, han apostado por
un conservadurismo notable en los procesos celulares y las funciones de
sus proteínas, desplegando, al mismo tiempo, una extraordinaria
variedad de morfologías. En los animales, la gran diversificación
de planes de organización corporal está muy relacionada con
alteraciones en los programas de regulación genética que
controlan la morfogénesis. En estos programas juegan un papel fundamental
los factores de transcripción que contienen homeodominios, secuencias
de aminoácidos características, muy conservadas, que interaccionan
con el DNA. Son codificados por genes homeobox u homeóticos, así
llamados porque determinadas mutaciones causan que un segmento corporal
determinado pierda su identidad y se asemeje a otro (homeo=similar). Las
funciones de los genes homeóticos suelen estar conservadas en diferentes
organismos de forma sorprendente. Ya tuvimos ocasión de referirnos
en estas páginas a un fascinante ejemplo de conservación
de función, la del gen Pax-6/Eyeless que controla el desarrollo
de los ojos en la drosófila y el ratón [Encuentros en
la Biología, 23, 5-6 (1995)].
Tres genes homeóticos de los que vamos a hablar ahora son orthodenticle,
distal-less y engrailed. El primero de ellos parece desempeñar
un papel importante en la especificación de las estructuras cefálicas
más anteriores tanto en artrópodos como en vertebrados. Distal-less
es esencial en la morfogénesis de los apéndices en los artrópodos.
Como su nombre indica, su mutación trunca el desarrollo de la parte
distal. Engrailed interviene en la determinación de la polaridad
antero-posterior de los segmentos corporales y de los primordios de los
apéndices, así como en neurogénesis. La cuestión
es, ¿cuál podría ser el papel jugado por estos tres
genes reguladores en el desarrollo de animales que no tienen cabeza, ni
apéndices articulados, ni segmentos corporales? Podríamos
esperar que ninguno, es decir, que en semejantes animales no llegarían
a expresarse genes reguladores con funciones tan específicas y tan
conservadas.
Esto es lo que han querido comprobar dos investigadores de la Universidad
del Estado de Nueva York, quienes tuvieron la feliz idea de localizar la
expresión de orthodenticle, distal-less y engrailed
en larvas de distintos equinodermos [Lowe y Wray Nature, 389:718
(1997)]. Los equinodermos (erizos, estrellas de mar, ofiuras y holoturias)
se caracterizan por una simetría radial pentámera (con cinco
planos de simetría), sin cabeza definida, sin metamería (segmentación)
y con un sistema locomotor característico, basado en canales llenos
de agua a presión de los que emergen pequeños tubos denominados
pies ambulacrales. Pues bien, a pesar de carecer de cabeza, segmentos corporales
y apéndices locomotores complejos, los tres genes homeóticos
se expresan en las larvas de los equinodermos de forma muy particular.
Orthodenticle y distal-less se expresan en los pies ambulacrales
y en los tentáculos bucales de las holoturias (que son pies ambulacrales
modificados). Distal-less, además, se expresa en el rudimento
imaginal de los erizos de mar, es decir, en la porción de la larva
(que tiene simetría bilateral) en la que se define el plan corporal
pentámero y las primeras estructuras del adulto. Curiosamente esto
no sucede en los otros equinodermos. También se detectó expresión
de distal-less en el extremo de las espinas de los erizos en desarrollo.
Engrailed, en las ofiuras, se expresaba en los límites de
las placas esqueléticas en desarrollo.
Parece claro que, en el desarrollo de equinodermos, los tres genes
juegan papeles completamente diferentes a los que desempeñan en
el desarrollo de artrópodos o vertebrados. En términos técnicos
se dice que ha habido un 'reclutamiento' de los genes para ejercer funciones
específicas. Dicho de otra manera, las dianas de los factores de
transcripción que codifican los genes homeóticos estudiados
son diferentes en los equinodermos y en los otros phyla, por lo que ponen
en marcha procesos morfogenéticos diferentes. Como los autores del
artículo señalan, siempre se suele insistir en las coincidencias
en los patrones de expresión de los genes homeóticos en organismos
tan distantes como la drosófila y el ratón, es decir, en
la conservación evolutiva de sus funciones. Sin embargo, es posible
que buena parte de la extraordinaria diversidad de la arquitectura animal
tenga mucho que ver con la modificación, por reclutamiento, de las
funciones de los genes reguladores del desarrollo.
Ramón Muñoz-Chápuli es Profesor Titular de Biología Animal