Que la molécula de agua es única es algo que aprenden muy pronto los estudiantes de química y biología. Sus extraordinarias y singulares propiedades físicas y químicas hacen de la misma un tema aparte. Su importancia a nivel estructural es enfatizada todavía en muchos trabajos de investigación actuales; por otro lado, puede afirmarse que todavía desconocemos muchas características y propiedades de este líquido. Repasaremos en este artículo algunas investigaciones recientes sobre la estructura de agrupaciones discretas de moléculas de agua y sobre cómo éstas ayudan a comprender mejor el efecto de solvatación acuosa de biomoléculas.
Algunos datos termodinámicos
El calor de sublimación del hielo a 0ºC es de 11,2 kcal/mol,
de las cuales 1,4 representan la energía cinética de las
moléculas en estado de vapor; las 9,8 kcal/mol restantes suponen
la energía requerida para romper los enlaces que mantienen unido
al cristal de hielo. Éstos son enlaces de hidrógeno casi
exclusivamente, puesto que las interacciones de van der Waals, fundamentales
en los cristales orgánicos, se pueden despreciar debido a su pequeña
contribución. Si comparamos este calor de sublimación con
el de fusión del agua, encontramos que este último es casi
8 veces menor, lo que implica que la mayor parte de la estructura de enlaces
de hidrógeno en el sólido se mantiene también en el
líquido. Además, el alto calor específico del agua
líquida hay que atribuirlo a la dependencia con la temperatura de
la energía de organización molecular, en lugar de a la energía
de moléculas individuales. Cálculos realizados con algunos
modelos teóricos dan como resultado una energía de los enlaces
de hidrógeno más apropiada para un cambio de conformación
que para una reorganización de estos enlaces, por lo que se postula
la existencia de agrupaciones discretas de moléculas de agua unidas
por enlace de hidrógeno, formando trímeros, tetrámeros
y pentámeros, fundamentalmente [Science, 271: 929-933,
(1996)].
Estructura de las agrupaciones (clusters)
Para el dímero (H2O)2,
la teoría y los datos experimentales están en buena concordancia;
para el trímero, tetrámero y pentámero, cálculos
teóricos ab-initio realizados con bases extensas, predicen
estructuras planas en las que cada monómero actúa como dador
y aceptor de un solo enlace de hidrógeno, quedando el hidrógeno
restante por encima o debajo del plano de la molécula. Para el heptámero
y agrupaciones mayores, existe tendencia a formar estructuras tridimensionales
(3D), siendo el hexámero una agrupación o cluster intermedia
entre una estructura cíclica plana y una 3D. Estos cálculos
se ven respaldados por medidas llevadas a cabo mediante la espectroscopia
de vibración-rotación de efecto túnel (VRT). Para
las agrupaciones de trímero, tetrámero y pentámero,
se encuentra que los niveles de energía siguen los patrones de un
rotor simétrico (debido a la simetría de la estructura cíclica).
En el caso del tetrámero y pentámero se determinaron dos
constantes rotacionales, suficientes para establecer sin ambigüedades
que las estructuras responsables del espectro eran las predichas por los
cálculos. El estudio del espectro del hexámero permitió
sugerir una estructura 3D también en buena concordancia con los
cálculos efectuados [Science, 271: 929-933, (1996)].
Solvatación acuosa
Uno de los objetivos más importantes de estas investigaciones
radica en elucidar los detalles del mecanismo de solvatación, que
en el caso del agua (hidratación) es más importante que en
ningún otro disolvente. La explicación de la naturaleza de
esta solvatación se ha resuelto en parte por el estudio de las agrupaciones
o clusters que forma el agua.
Recientemente se ha encontrado que al hidratar solutos hidrofóbicos,
las moléculas de agua pasan de estar unidas por enlaces de hidrógeno
y sin estructura fija, a formar icosaedros truncados que envuelven la estructura
o dominio molecular hidrofóbico. Estas estructuras icosaédricas
están formadas por pentágonos y hexágonos en una relación
8:1. El pentámero parece ser, pues, fundamental en los mecanismos
de hidratación de biomoléculas, al proporcionar la curvatura
necesaria para formar la "jaula" ordenada de moléculas de agua que
rodean los dominios y estructuras más apolares, lo que se conoce
como estructura de clatrato. La figura adjunta muesta una representación
esquemática de una estructura de clatrato alrededor de cadenas hidrocarbonadas
apolares.
Estudios de rayos X han demostrado que la proteína crambina
tiene hendiduras hidrofóbicas en las que 16 moléculas de
agua de hidratación se organizan en una cápsula de pentágonos
concatenados que rodea al grupo metilo de residuos de leucina. Un comportamiento
similar se ha observado en otras proteínas y en polímeros
de DNA y, a medida que se incrementa la hidrofilia del soluto, existe una
tendencia muy acusada a formar anillos de 6 y 7 miembros (la estructura
3D de éstos evita que las moléculas de agua se ordenen mucho
y se cree una situación energéticamente desfavorable). Esto
proporciona una explicación estructural de por qué el cambio
de entropía que determina el efecto hidrofóbico es proporcional
a la superficie del soluto (a mayor superficie encerrada, mayor orden que
se produce en el disolvente y menor es la entropía de la disolución).
Sin embargo, las agrupaciones icosaédricas de moléculas
de agua descritas distan mucho de ser regulares, dado que al estar rodeadas
por moléculas de agua libres, las continuas y rápidas fluctuaciones
de éstas en el seno del líquido hacen que se produzcan cambios
estructurales constantes. Al tener el clatrato de disolvente un extremo
abierto, las moléculas de esa zona son más susceptibles de
ser arrancadas que las de una zona cerrada, por estar unidas con menos
enlaces a la estructura. Por esta razón, la cadena hidrofóbica
de una molécula anfipática, incapaz de generar una estructura
completa de moléculas de agua a su alrededor, no tiene las mismas
propiedades que una cadena hidrocarbonada totalmente apolar. Es preciso
destacar el comportamiento distinto de las moléculas de agua que
hidratan la superficie externa de muchas proteínas, las cuales construyen
una matriz flexible que posibilita que las cadenas polipetídicas
respondan de un modo eficaz al entorno químico durante el plegamiento
de la proteína, durante los procesos de interacción proteína-proteína
o en la interacción enzima-sustrato.
Estos mecanismos también pueden explicar la anómala capacidad
calorífica asociada con el efecto hidrofóbico (al diluir
un soluto parcial o totalmente apolar en agua, la capacidad calorífica
de la disolución aumenta respecto al agua sola) puesto que la formación
de estas estructuras alrededor del soluto supone un aumento de la energía
necesaria para aumentar la temperatura de la disolución, al tener
que romperse estructuras con más cohesión que en el líquido
puro.
Antonio Sánchez Ruiz es alumno de 3º de Químicas
y Antonio Heredia es Profesor Titular de Bioquímica en la Universidad
de Málaga