Los virus han atraído primariamente la atención
de los investigadores por la importancia de las enfermedades que inducen
y por las dificultades que entraña su control. Además de
este interés inicial, esencialmente aplicado, los virus han ocupado
a numerosos grupos de investigación que llevan a cabo un trabajo
primordialmente básico y han sido clave para la obtención
de conocimientos fundamentales sobre la biología de los seres vivos.
Los virus de plantas no son una excepción a esta tendencia. Muchas
e importantes enfermedades de las plantas cultivadas están causadas
por virus, y se está haciendo un gran esfuerzo a nivel mundial para
obtener métodos eficaces de control de enfermedades de plantas inducidas
por virus. Asimismo, los virus de plantas han sido herramientas imprescindibles
para la generación de conocimientos básicos sobre el funcionamiento
de las plantas en particular, y de los seres vivos en general. Por ejemplo,
son ya clásicos los experimentos realizados en la década
de los 50 por FraenkelConrat y Williams en los que demostraban la infectividad
del RNA del tobamovirus del mosaico del tabaco (es decir, el RNA es la
molécula que contiene la información) y el papel protector
de la proteína de la cápsida.
Durante los últimos años se ha desarrollado particularmente
el área de investigación que se refiere a la interacción
molecular de los virus de plantas con sus huéspedes. Así,
se ha establecido que para que ocurra una interacción compatible
virusplanta, esto es, para que una planta (huésped) sea invadida
por un virus, es necesario que el virus complete una serie de etapas (véase
la figura). A partir de la transmisión, frecuentemente asistida
por vectores (por ejemplo, pulgones), el virus ha de superar la defensa
constitutiva y/o inducible de la planta. Si se da una respuesta de
defensa (defensa inducible), ésta tiene lugar simultáneamente
con los primeros ciclos de multiplicación (replicación)
del virus, y el virus quedará normalmente confinado en unas pocas
células muertas. Si no es así, a partir de las células
inicialmente infectadas el virus ha de moverse a las células adyacentes
a través de los plasmodesmos, que son estructuras tubulares que
comunican unas células con sus vecinas. Este proceso se ha denominado
movimiento célula a célula. Desde las células
inicialmente infectadas, el virus ha de pasar al sistema vascular (movimiento
vascular) y en éste, siguiendo el flujo de los fotoasimilados,
colonizar sistémicamente la planta.
La investigación sobre la interacción molecular virusplanta
huésped ha avanzado notablemente gracias a la posibilidad de clonar
copias de DNA de los genomas de virus, de tal manera que se puedan generar
virus infectivos a partir de los clones. Estos clones se pueden manipular
mediante las técnicas de ingeniería genética y generar
así virus mutantes; posteriormente, mediante la aplicación
de técnicas en uso en histología y biología celular,
se puede seguir a los mutantes en huéspedes y vectores y caracterizar
el fenotipo de la interacción. De esta manera, es posible atribuir
de forma inequívoca la responsabilidad de un fenotipo a una(s)
mutación(es) en el genoma de los virus. Siguiendo esta aproximación,
se han identificado y caracterizado genes virales implicados en cada una
de las etapas del ciclo del virus. A continuación repasaré,
de forma brevísima, los descubrimientos de los últimos años
que considero han sido más importantes con respecto a cada una de
lasetapas del ciclo de vida de los virus.
Utilizando la metodología explicada más arriba se han
identificado y mapeado en virus determinantes de la transmisión
vectorial, aunque este tipo de trabajos está mucho más
desarrollado para aquellos virus que utilizan un componente auxiliar para
la transmisión que para otros tipos de virus [ej. Blanc et al.,
PNAS USA 93:15158 (1996)]. El equivalente en el vector, es
decir, la identificación de determinantes de la transmisión
en el vector, es de interés para la protección frente a las
enfermedades inducidas por virus. Sin embargo, sólo muy recientemente
se ha empezado a avanzar en este sentido [ej. endosimbiontes en la transmisión
persistente de luteovirus; Filichkin et al., J. Virol. 71:569
(1997)]. Esta última es un área de activa investigación
que ha de producir frutos en el futuro.
En cuanto a la respuesta de defensa, el mayor hito ha consistido
en el clonaje y caracterización de genes de la planta (genes de
resistencia) que están involucrados en el reconocimiento del virus
y el desencadenamiento de una respuesta cuyo resultado consiste en el confinamiento
del virus en una pocas células inicialmente infectadas [ej. gen
N de resistencia a tobamovirus; Whitham et al., Cell 78:1101
(1994)]. Este tipo de respuesta se denomina reacción hipersensible.
Además, en un caso se ha demostrado que un gen de resistencia puede
funcionar en un fondo genético heterólogo [el gen N de tabaco
confiere resistencia a TMV en tomates transgénicos; Whitham et al.,
PNAS USA 93:8776 (1996)]. Muy recientemente se ha identificado
un nuevo mecanismo inducible de defensa cuyo modo de acción difiere,
aparentemente, de la reacción hipersensible. Este mecanismo está
basado en el silenciamiento génico posttrascripcional e implica
la degradación específica de RNA viral en el citoplasma de
las células infectadas [Ratcliff et al., Science 276:1558
(1997)]. Además, se ha descubierto que los virus cuentan con mecanismos
específicos para contrarrestar este efecto [ejs. la proteína
HCPro de potyvirus, la proteína 2b de cucumovirus; Brigneti et
al., EMBO J. 17:6739 (1998)], de donde se puede conjeturar
que el silenciamiento génico posttrascripcional pudiera de hecho
constituir una barrera constitutiva y generalmente empleada por las plantas
para su defensa frente a virus. En esta área, la identificación
de barreras constitutivas y el esclarecimiento de la cadena de señales
que da lugar a la respuesta de defensa constituyen los retos para la investigación.
El uso de huéspedes experimentales de fácil manipulación
genética puede proporcionar información substancial sobre
factores en el huésped necesarios para la replicación
viral [ej. una levadura puede mantener la replicación del bromovirus
del mosaico del bromo; Ishicawa et al., J. Virol. 71:7781
(1997)]. Con respecto a la etapa de replicación, se ha demostrado
que los virus de DNA cuyo genoma no codifica la maquinaria de replicación
viral, necesitan usar la maquinaria celular de replicación del DNA
y son capaces de modificar el ciclo celular gracias a la acción
de determinadas proteínas virales [ej. la proteína rep de
geminivirus; Ach et al., Mol. Cell Biol. 17:5077 (1997)].
También se ha observado que la replicación de virus está
asociada con drásticos cambios en la expresión de genes del
huésped [Aranda et al., PNAS USA 93:15289 (1996)].
Es posible conjeturar que estos cambios pudieran constituir requerimientos
para la replicación viral, aunque la mayor trascendencia de esta
observación está relacionada con su posible implicación
en el proceso de inducción de síntomas. Es preciso destacar
que, a pesar de la importancia de los síntomas como manifestación
de la enfermedad, se conoce muy poco sobre las bases moleculares de su
inducción.
Se ha demostrado que la modificación de los plasmodesmos acompaña
al movimiento célula a célula de los virus. Los genomas
de los virus codifican proteínas implicadas en esta modificación,
las denominadas proteínas de movimiento. Las proteínas de
movimiento parecen actuar transitoriamente e interaccionar con el citoesqueleto
y membranas celulares [Heinlein et al., Plant Cell 10:1107
(1998)]. El reto en esta área consiste en averiguar cuál
es la estructura y cómo funcionan los plasmodesmos, y los virus
están demostrando ser herramientas muy útiles en este sentido.
Sobre el movimiento vascular de los virus existe muy poca información.
Se ha demostrado con algunos sistemas modelo que el movimiento vascular
es una función genéticamente distinta del movimiento célula
a célula, tanto en el virus como en el huésped. De nuevo,
el estudio y caracterización de factores en el huésped, las
posibles barreras al movimiento vascular y la determinación de su
estructura y funcionamiento son los retos de la investigación en
esta área.
De lo anterior se deduce que el estudio de los virus de plantas sigue
teniendo una enorme vigencia. En general, el mayor reto para el estudio
de la interacción virusplanta huésped consiste ahora en
identificar en huéspedes y vectores los factores que interaccionan
con los que ya se identificado en los virus. Las aproximaciones genéticas
complementadas con el análisis mediante técnicas de biología
celular están generando y han de generar interesantes resultados
en el futuro. Es de esperar que el trabajo en esta área identifique
dianas específicas cuya manipulación y posterior generación
de plantas transgénicas nos sirva para atajar o reducir la incidencia
de las enfermedades de las plantas inducidas por virus.
Miguel Aranda es Colaborador Científico (CSIC) en la Estación Experimental La Mayora, Málaga.