Los ácidos nucleicos de las muestras que queramos analizar (en
el caso anterior podría ser una biopsia), preferentemente DNA genómico
o cDNA, se marcan radiactivamente, o con algún otro medio que permita
un revelado mediante emisión fluorescente. La muestra así
marcada se incuba sobre el panel de sondas, permitiendo la hibridación
de secuencias homólogas. Tras unos lavados que eliminen la hibridación
inespecífica, se visualiza el resultado a través de un detector
de emisiones radiactivas de alta resolución o a través de
microscopía confocal, en el caso de que el marcaje sea por fluorescencia
[Shalon et al. Genome Res. 6, 639 (1996)].
Sin embargo, y en la actualidad, uno de estos análisis no está
al alcance de cualquiera, pues su precio puede oscilar entre las 150 y
las 500 mil pesetas. Entonces, ¿cuál es el interés
de esta técnica? Hay que tener en cuenta que los métodos
tradicionales de análisis de secuencias (Northern, Southern, etc.),
son laboriosos a la hora de analizar sobre una misma muestra la abundancia
o tamaño de varios fragmentos de ácidos nucleicos de secuencias
diferentes. Por tanto, un análisis de la magnitud del que se puede
conseguir con la tecnología del análisis en micromatriz,
necesitaría, si se pretendiera su consecución a través
de técnicas tradicionales, de uno o varios analistas altamente formados,
trabajando a tiempo completo durante varios meses. El resultado es que
a la larga es más barato un análisis a través de la
nueva técnica. Por otro lado, la ganancia de tiempo que supone este
tipo de análisis, puede ser muy interesante a la hora de diagnosticar
patologías de rápida evolución (cáncer, etc.),
o para desarrollar fármacos de alta competitividad. Para hacernos
una idea de la potencia de la técnica sólo hay que recordar
que el primer «chip» comercializado medía 12.8 mm. de
lado (en la actualidad pueden hacerse hasta cuatro veces más pequeños),
y que es utilizado en la actualidad de forma rutinaria para el análisis
de mutaciones del virus VIH por LabCorp, dando el resultado en cinco horas.
El número de aplicaciones del análisis en micromatriz
es enorme. Su valor como instrumento de diagnóstico es incalculable,
pudiéndose aplicar a la caracterización de procesos tumorales
y de otras patologías, así, se está preparando un
«chip» con secuencias provenientes de todas las micobacterias
conocidas, para poder identificar con precisión la especie presente
en una extracción pulmonar de un paciente. No sólo se identificaría
el agente causal de la patología sino que se podrían detectar
cualquier mutación que confiriera resistencia a antibióticos.
En este último ejemplo hablamos de un «chip» con más
de 40000 oligonucleótidos.
Por otro lado, si podemos determinar con precisión qué
patrón de expresión de determinados genes produce un cierto
agente tóxico de origen biológico o químico, se podría
almacenar toda esta información en un banco de datos, de manera
que ante una eventual intoxicación sería posible, en un breve
espacio de tiempo, y a partir de muestras de los afectados, determinar
el agente causante de la intoxicación y por tanto obrar en consecuencia.
Son destacables también sus aplicaciones en el campo de la industria.
Así, será posible detectar agentes infecciosos en la cadena
de producción de alimentos, fármacos, etc.
En investigación puede aplicarse a estudios de polimorfismo
genético, genotipado de poblaciones, estudios de desarrollo, caracterización
molecular de procesos fisiológicos (p.ej: inflamación), y
patológicos (cáncer, etc.) [Schena et al. Nature Genet.
14, 457 (1996)].
Sus aplicaciones en el ámbito de la generación de fármacos
son especialmente numerosas. Podría contribuir a la identificación
de las dianas más adecuadas para un tratamiento determinado. Permitiría
conocer mejor el mecanismo de acción de los medicamentos con lo
que podríamos sacarles el máximo rendimiento posible. Incluso
sería posible determinar los efectos secundarios que conllevaría
un cierto tratamiento, pudiéndose evitar así la pérdida
de dinero y de tiempo que suponen los ensayos clínicos.
Sin embargo no todo es tan fácil. El principal problema de esta
técnica radica precisamente en la gran cantidad de información
que puede proporcionar, sobre todo porque habrá que saber discriminar
qué genes son claves a la hora del diagnóstico de una enfermedad
o en la caracterización de un determinado proceso. Para colaborar
en la interpretación de los datos proporcionados ya se está
trabajando en el desarrollo de software que facilitaría el trabajo
de integrar la información que proporciona cada sonda dentro de
un chip. En cualquier caso, estos problemas parecen perfectamente salvables
sobre todo si los comparamos con la magnitud de los beneficios que podremos
obtener, y que posiblemente revolucionen tanto las labores de diagnóstico
como las de investigación.
Francisca Sánchez Jiménez es Profesora Titular en el Departamento de Biología Molecular y Bioquímica de la Universidad de Málaga; Antonio Calvillo Berlanga es Licenciado en Ciencias Biológicas.