Empirismo, 2 ­ Método científico, 1

Manuel J. Andreu Guerrero

Decir que una base empírica es esencial a las disciplinas científicas nos resulta evidente a todos. Quizá por ello, cierta confusión nos asalta cuando hallamos frases del tipo "desde un punto de vista empírico, las leyes derivadas de la Ciencia carecen de una verdadera entidad", o bien, "una interpretación empirista de la Ciencia responde a una visión ingenua de ésta"; y, sin embargo, no existe contradicción alguna entre estas afirmaciones.

Lo cierto es que el término empírico puede referirse tanto a algo basado en la experiencia como a algo relativo al empirismo. Pero es aquí donde apenas comienza el motivo de la confusión, porque el término empirismo es en realidad polisémico. Empirismo es "un sistema o procedimiento fundado sólo en la experiencia", pero empirismo también es "un sistema filosófico que toma la experiencia como única base de los conocimientos humanos". Ambos significados aparecen así recogidos en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua.

En principio, ambos significados, aunque distintos, parecerían situarse en un campo muy cercano al de las disciplinas científicas y el método científico. Sin embargo, una breve confrontación de todos estos conceptos puede ser muy útil para (1) ayudar a resolver una confusión frecuente entre profesionales y, sobre todo, entre estudiantes de disciplinas científicas y (2) acotar con mayor precisión la naturaleza del método científico.

El empirismo como procedimiento forma parte de la vida cotidiana. Nos comportamos de un modo empirista, por ejemplo, cuando tanteamos sin prestar atención con la llave en la cerradura hasta que conseguimos introducirla o cuando (para desconsuelo de los redactores de libros de instrucciones) probamos al azar cada botón del mando a distancia hasta obtener la función deseada. En el empirismo como procedimiento subyace la más pura filosofía del "ensayo y error".

Aplicado a las disciplinas científicas, el empirismo equivale a considerar que éstas se reducen a la experimentación, es decir, se presupone que la Ciencia emana directamente de la experiencia. En el ámbito de la Didáctica de las Ciencias, el empirismo tiene una significación especial ya que hace algunos años prosperó una corriente pedagógica que, llevada al extremo, pretendía convertir a los alumnos en "experimentadores", asumiendo que esto era lo mismo que convertirlos en "científicos", capaces de interpretar el mundo que les rodeaba. Los fracasos y dificultades que surgieron a lo largo de años de experiencia revelaron que este planteamiento era, cuando menos, ingenuo.

El empirismo está más alejado de la Ciencia de lo que en principio se podría pensar. Al igual que el método científico, los procedimientos rigurosamente empiristas tratan de confirmar hipótesis, pero lo hacen de un modo sustancialmente diferente. El método científico implica seleccionar o diseñar aquellas experiencias concretas cuyos resultados puedan ser considerados de máxima relevancia para la hipótesis que se formula. El método científico también implica analizar y evaluar detalladamente todo tipo de resultados, tanto aquellos que confirman los objetivos o hipótesis iniciales como aquellos que parecen contradecirlos. Por el contrario, en el empirismo no hay selección rigurosa de experiencias; se tantea al azar hasta confirmar lo esperado. Tampoco hay un verdadero análisis detallado de los resultados; los resultados "negativos», simplemente, son desechados.

A estas alturas es posible que algún lector esté considerando que, a veces, el desarrollo de la actividad científica cotidiana se acerca más a los esquemas empiristas que a los propios del método científico, y, en efecto, así es. Los motivos pueden ser muy diversos, algunos quizá poco justificables, pero este hecho está frecuentemente relacionado con la cantidad de información previa disponible. Piénsese, por ejemplo, en las estrategias de química combinatoria que aún siguen empleándose para el diseño de nuevos fármacos o los clásicos procedimientos de localización de genes a partir de bibliotecas genómicas completas. En ambos casos, el conocimiento más preciso de las biomoléculas ha permitido el desarrollo de procedimientos alternativos más eficientes.

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El empirismo como sistema filosófico se desarrolló sobre todo durante el siglo XVIII, en parte como respuesta al racionalismo imperante durante el siglo anterior. Todos los empíricos más relevantes de entonces, entre ellos Locke, Berkeley o Hume, coincidían en considerar que la experiencia sensible es la única fuente segura de conocimientos para el ser humano, por contraposición a las tesis racionalistas que presuponían ciertos conocimientos innatos en nuestra mente mucho más fiables que los proporcionados por nuestros "engañosos" sentidos. Los planteamientos básicos de filósofos empíricos contemporáneos, como Bertrand Russell, aunque con algunas diferencias, siguen siendo los mismos.

Vistas las cosas de este modo sencillo, podría considerarse que el empirismo como sistema filosófico casi equivale a una Filosofía de la Ciencia y, sin embargo, tampoco en este caso el paralelismo puede llevarse tan lejos.

A partir de los planteamientos iniciales que hemos mencionado, los filósofos empíricos construyeron una interpretación del conocimiento humano en la que todo aquello que no pudiese ser percibido directamente como tal por los sentidos debía ser puesto en duda sistemáticamente. Hume, probablemente el filósofo empírico más relevante de todos por su influencia en filósofos posteriores, llevó esta línea de pensamiento a posiciones especialmente críticas y esto le condujo a poner en tela de juicio la verdadera entidad de las leyes y teorías científicas.

Siguiendo el discurso de Hume, una buena parte de las leyes elaboradas por la Ciencia se basan o intentan demostrar la existencia de una relación real causa-efecto entre acontecimientos o sucesos que ocurren en la Naturaleza. Sin embargo, lo único que verdaderamente percibimos es una sucesión de fenómenos. La relación causa-efecto que creemos demostrar no puede ser percibida de por sí. En palabras de Hume se trata de una idea compuesta, elaborada por nuestra mente, que no se corresponde con una impresión de nuestros sentidos. Esto no significa que tal relación no pueda existir, pero sí obliga a admitir, según Hume, que la naturaleza de todas las leyes científicas es cuestionable.

A pesar de lo irritantemente meticuloso de este argumento, lo cierto es que esta objeción del empirismo hacia las leyes científicas concuerda perfectamente con una precaución bien conocida por estudiantes y profesionales de la Biología y de todas las ciencias en general: Una correlación matemática entre dos variables no necesariamente implica una relación causa-efecto entre ellas.

En Biología, muchos de sus principios básicos, como es la teoría celular, son generalizaciones de un gran número de observaciones hechas por diversos científicos. Tampoco este tipo de productos científicos sale mejor parado del análisis crítico del empirismo filosófico. El argumento admite poca discusión: Construir afirmaciones universales a partir de observaciones particulares no es correcto formalmente. Hume ya utilizaba el famoso ejemplo de los cuervos para ilustrar esta idea: El hecho de que todos los cuervos observados hasta la fecha sean negros nos lleva a establecer el principio de que "los cuervos son pájaros negros". Sin embargo, la única forma de demostrar realmente este principio sería tener la completa seguridad de que han sido observados todos y cada uno de los cuervos que habitan la Tierra. La existencia de un solo cuervo que no fuera negro invalidaría el principio.

Nuevamente este espíritu "precavido" hasta el extremo nos puede resultar exasperante a quienes nos hallamos más cercanos a la actividad científica que a la filosofía del conocimiento pero, curiosamente, la misma historia de la teoría celular sería un magnífico ejemplo para ilustrar los argumentos empíricos: La idea de que la célula es la unidad morfológica y funcional de todo ser vivo parecía estar sólidamente establecida cuando el descubrimiento de los virus obligó a reconsiderar la teoría y, con ello, el propio concepto de ser vivo.

Quizá lo más llamativo de todos estos análisis sobre la naturaleza del conocimiento humano es que la Ciencia, en su desarrollo diario, mantiene una casi completa indiferencia hacia estas consideraciones. Esta actitud es, en realidad, fácil de comprender. La Ciencia evalúa las leyes y teorías que produce por su capacidad predictiva y no por su naturaleza esencial. Es decir, lo que hace válida a una ley desde el punto de vista del método científico es que los hechos observados se adecuen a ella y sea capaz de predecir determinados resultados de fenómenos relacionados.

Un científico diría que la ley de la gravedad está demostrada, un empírico diría que lo único que se demuestra es que la Naturaleza se comporta como si la ley de la gravedad existiese, pero para la Ciencia este matiz carece de relevancia; lo importante es que la ley se ajusta a lo observado y predice gran número de fenómenos.

El balance de todas las reflexiones de este artículo podría resumirse en pocas líneas. Frente al empirismo como procedimiento, el método científico conlleva a largo plazo un mayor rendimiento en la elaboración de hipótesis explicativas. Frente al empirismo como sistema filosófico, podría decirse que el método científico es más pragmático en lo que respecta a las leyes y principios, ya que no se preocupa por la naturaleza esencial de las mismas, sino por su poder predictivo... A pesar del resultado, no hay puntos que sumar para nadie.

Manuel J. Andreu Guerrero es Profesor de Enseñanza Secundaria en el I.E.S. "Las Viñas" de Mollina (Málaga)