Formación de nuevas neuronas en la corteza cerebral adulta: otro dogma que cae

 

José Carlos Dávila Cansino

Aquellos que trabajamos en eso de la investigación estamos acostumbrados a ver una y otra vez cómo verdades "inmutables" se vuelven falsas interpretaciones con el paso de los años o con la aparición de nuevas técnicas o experimentos. A todos nos han contado en alguna ocasión, no sin fundamento, que cuando nacemos tenemos todas las neuronas que podemos tener en nuestro cerebro y que, en todo caso, lo que sucede es una pérdida irremediable de muchas neuronas desde ese momento, que se ve incrementada conforme nos acercamos a la vejez. Que las neuronas maduras son células altamente diferenciadas que no se dividen y tampoco se generan en el cerebro adulto es algo que está escrito en los libros desde hace mucho tiempo.

Estas afirmaciones tan contundentes empezaron a tambalearse hace ya años, con la observación, de forma independiente por distintos investigadores, de procesos de neurogénesis (formación de neuronas) en ciertas regiones del cerebro de vertebrados adultos. Así, quedaba demostrado que la formación de neuronas nuevas a partir de células precursoras inmaduras no era algo imposible en el cerebro adulto, aunque se tratara de vertebrados "inferioresí. Entre los casos más conocidos estaban la neurogénesis adulta en algunas áreas del cerebro de reptiles y en ciertas regiones cerebrales implicadas en la conducta del canto en aves (ver "El canto de las aves: una cuestión de neuronas". Encuentros en la Biología 24, 1995). Más tarde, la neurogénesis adulta se "extendióí también al cerebro de los mamíferos, aunque esta formación de nuevas neuronas quedaba restringida a determinadas regiones "filogenéticamente antiguas" como el bulbo olfatorio o el hipocampo. De forma implícita, estos descubrimientos parecían sugerir que la neurogénesis adulta podía considerarse como un fenómeno más relacionado con cerebros o áreas cerebrales "primitivasí y que de alguna manera reflejaba cierto grado de "inmadurezí en la estructura. En cuanto al papel de las neuronas formadas de nuevo, en la mayoría de los casos solo había sugerencias. Unas veces, la neurogénesis estaba precedida de muerte neuronal (caso de las regiones del canto en las aves), por lo que las neuronas recién formadas iban a ocupar el lugar de sus predecesoras, pero en la mayoría de los casos, las nuevas neuronas simplemente pasaban a incrementar el número existente.

Con esta visión de la neurogénesis adulta como un proceso de marcado carácter primitivo, no resultaba extraño que no se hubiera descrito (¿o estudiado?) este fenómeno en la neocorteza de mamíferos, denominada ésta como la corteza cerebral filogenéticamente más reciente y sólo presente en mamíferos. Es más, parecía existir cierto clamor entre los neurocientíficos en contra de la posibilidad de neurogénesis en la neocorteza de mamíferos adultos y todavía más si de primates o de la especie humana se trataba.

Pues bien, los cimientos de la neurobiología han vuelto a temblar de nuevo, al menos para aquellos que se encuentran anclados a las viejas creencias. A finales de este año pasado, aparecía en la prestigiosa revista Science un artículo donde se demostraba la existencia de neurogénesis en el neocórtex de primates adultos (Gould et al., 1999. Science, 286: 548-552).

Mediante la inyección de bromodeoxiuridina, una técnica que se emplea para marcar las células proliferantes y su descendencia, estos autores ponían de manifiesto la producción de nuevas células en áreas asociativas (cortezas prefrontal, temporal inferior y parietal posterior) de la neocorteza de macacos adultos. Estas células expresaban marcadores específicos de neuronas (como la enolasa neuronal), lo que dejaba claro que las células generadas eran neuronas y no células gliales y, además, extendían sus axones para formar conexiones funcionales.

Los autores del artículo señalan que el número de neuronas formadas diariamente en estas áreas debe ser mucho mayor que el que ellos observan, ya que la bromodeoxiuridina inyectada solamente está disponible para ser incorporada por las células proliferantes durante dos horas tras la inyección; por lo tanto una sola inyección de esta sustancia marcará una fracción de todas las células que se dividan en 24 horas.

Las áreas asociativas están implicadas en la plasticidad conductual (mediante el aprendizaje y la memoria), por lo que es concebible que las nuevas neuronas añadidas a estas áreas en el adulto jueguen un papel especial en dichas funciones. Estos investigadores sugieren que las neuronas recién formadas pueden ser capaces de sufrir cambios estructurales rápidamente y, por lo tanto, servir como un sustrato para el aprendizaje.

Se abren nuevos horizontes y caen "viejos" tópicos.

José Carlos Dávila Cansino es Profesor Titular de Biología Celular en la Universidad de Málaga