Como en el conjunto de nuestro país, el transformismo, el evolucionismo y, especialmente, el darwinismo, se vieron envueltos, en la ciudad de Málaga en una polémica esencialmente política e ideológica y no tanto científica [Granda A., El darwinismo en Málaga, Univ. De Málaga, (1998)].
Málaga conocía, desde el segundo tercio del siglo XIX, un avance económico que le llevó a las puertas de la revolución industrial con la aparición de ferrerías y la siderurgia, posteriormente frustadas ambas iniciativas por la competencia de las fábricas del norte de España. Cristaliza en esa época una burguesía comercial e industrial, se consolidan núcleos obreros importantes y se vive un ambiente de debate intelectual, político y cultural interesante. Todo ello desaparecerá con la gran crisis que, sin final aparente, se desarrolla durante la Restauración.
Los años del sexenio revolucionario, 1868-1874, época de libertad de expresión, contribuyen a la difusión de las nuevas ideas científicas, entre ellas el darwinismo. Como en general en el resto de España, los partidarios de una visión progresista, democrática y laica defendieron los postulados del científico inglés, y los defensores de puntos de vista tradicionalistas, ya políticos, ya religiosos, las atacaron.
El darwinismo fue divulgado en Málaga por hombres como García Taboadela, impresor, de convicciones republicanas, muy cercano a los problemas de los obreros malagueños, que publicó la traducción de la obra del materialista alemán Buchner en 1873 [Buchner L. Ciencia y Naturaleza, (1873)], o de Antonio Luis Carrión, miembro de la Junta revolucionaria de 1868, diputado republicano federal en las Cortes de 1869, y editor entre otros numerosos proyectos de la Revista de Andalucía. En ésta aparecieron una serie de artículos,-seis en total- de Rafael García Alvarez, Catedrático de Historia Natural del Instituto de Segunda Enseñanza de Granada, y uno de los precursores del darwinismo en nuestro país [Núñez, D. El darwinismo en España, (1977)].
La mayoría de las citas que se reseñan en esta nota histórica son anteriores a la que hasta ahora se había considerado normalmente como la primera- 1876-, en Málaga, y corresponden al año 1875.
En el primer artículo sobre Darwin y la teoría de la descendencia, [García Alvarez, R., Revista de Andalucía, II, nº 9, 146, (1875)], después de alabar al autor y situarle en el universo de las "inteligencias superiores", señala Rafael García Alvarez:
"...en España, las nuevas y luminosas ideas sobre la filiación del mundo orgánico, apenas si cuenta con algunos adeptos, como el ilustre profesor de la Universidad de Sevilla, D. Antonio Machado y Núñez, el que suscribe estas líneas y algún otro de que no tengamos conocimiento."
En este artículo quedan esbozadas las principales ideas de Darwin, del que entresacamos [Ibidem, 149-150] el siguiente párrafo:
"..como había estudiado bien el género de vida y las costumbres de los animales, tenía suficiente preparación para hacerme una idea exacta de la lucha por la existencia, y mis trabajos geológicos me habían hecho comprender la enorme duración de los tiempos pasados. Habiendo leído entonces, por una feliz casualidad, el libro de Malthus sobre el Principio de la población, la idea de la selección natural se presenta a mi espíritu. Entre los principios de segundo orden, el último cuyo valor aprecié, fue la significación y las causas del principio de divergencia"
En el artículo siguiente, [Ibidem, 235-244] se expresan ideas acerca de la filosofía de la nueva teoría científica; así para García Alvarez el darwinismo sería una fase de la propia evolución, pues explica los complicados mecanismos de la vida; la propia aparición de la obra de Darwin, El Origen de las especies, es una revolución, pero también es una etapa del perfeccionamiento de la ciencia y del hombre. Para el catedrático granadino, el progreso es una ley universal que se cumple en todas las esferas del universo, el sistema solar, la industria, la literatura o la misma ciencia.
En el tercer artículo, [García Alvarez, R., Revista de Andalucía, III, nº 13, 11-20, (1875)] se hace una defensa de la importancia de las hipótesis previas, sin las cuales los datos experimentales no tendrían en muchas ocasiones explicación. Vuelve a precisar las bases del pensamiento darwinista, a saber: la lucha por la existencia o concurrencia vital, la herencia, la variabilidad o adaptación, y la selección natural. Sobre esta última afirma [Ibidem, 19]:
í.. pero en esta lucha continua que se establece entre los individuos, como entre las especies, en este combate universal en que los más débiles o menos aptos perecen, el miedo, según la expresión de Darwin, es desconocido, la muerte generalmente pronta y los seres más vigorosos, más sanos y más dichosos son los que viven y se multiplican ...Desconsolador sería este espectáculo..si el resultado final de esta continua y encarnizada guerra...no fuese asegurar también la perfección del mundo orgánico, en el tiempo y en el espacio."
En el cuarto artículo publicado, [García Alvarez, R., Revista de Andalucía, III nº 16, 135-152, (1875)], se extiende en explicar la variabilidad y los diversos tipos de adaptación, resaltando que se puede hablar de una acumulada o cumulativa, matizando al mismo tiempo a Lamarck y a Darwin:
"..debida a las modificaciones producidas por la influencia persistente de las condiciones exteriores, como la alimentación, el clima, y el medio por una parte; por otra el hábito, el ejercicio, el uso o falta de uso de los órganos. De estos hechos de adaptación, los primeros de antiguo conocidos, fueron sustentados principalmente por Du Maillet y Geoffroy-Saint Hilaire, y los segundos por Lamarck, como las causas más poderosas de transformación. Estos dos géneros de fenómenos que equivocadamente se consideraban, y que Darwin mismo considera como diversos, lo son realmente en apariencia, pues ambos son debidos a dos causas eficientes: la una la influencia exterior, y la otra la resistencia o reacción del organismo para adaptarse a aquéllas, cuyas acciones obran simultáneamente."
En el siguiente trabajo, [García Alvarez, R. Revista de Andalucía, III, nº 18, 231-248, (1875)] desarrolla el autor la idea de la herencia en el contexto transformista; para García Alvarez es un principio conservador mientras que la adaptación o variabilidad es un principio de progreso, enumerando un conjunto de leyes de la herencia, tanto de Darwin como especialmente de Haeckel, autor que tendría una gran influencia en España.
En la misma revista se publicaron más artículos que reflejaron el interés por la polémica de carácter científico, siendo destacable el conjunto de escritos sobre el positivismo materialista, de Fr. Ceferino González [Revista de Andalucía, XIV, 42-48, 84-91, 134-141, 179-188, (1878)], que llegó a ser cardenal de Sevilla, en los que se atacaba el darwinismo.
La introducción del evolucionismo en la educación en Málaga, se debió a Cesáreo Martínez Aguirre, Catedrático de Historia Natural del Instituto de Segunda Enseñanza de Málaga, cuando publicó el libro de texto de la asignatura para sus alumnos, [Nuevos elementos de Historia Natural, (1887)], en el que figuraba un apéndice dedicado al transformismo.
La crisis económica, política y social que vivió Málaga a partir de finales de la década de los sesenta del pasado siglo, arrastró a todas las instituciones de la ciudad, e interrumpió el incipiente debate científico, en un ambiente cultural prácticamente inexistente, agudizado por no existir Universidad, ya que éstas, después de una primera época de rechazo casi generalizado al darwinismo, se convirtieron en los focos básicos de divulgación de la teoría evolucionista en nuestro país.
Angel Granda Vera es Catedrático del IES los Boliches de Fuengirola (Málaga)