Zoonosis: cualquiera de las
enfermedades que habitualmente afectan a los animales, pero que pueden ser
transmitidas también al hombre, como la rabia (perro), la tuberculosis
(bóvidos), la brucelosis (cabra), etc.
Esta definición, muy concisa pero también muy concreta, pertenece a una
enciclopedia editada en 1974. En aquella época aún debía de considerarse un
concepto casi estanco que hacía alusión a determinadas enfermedades,
excepcionales por así decirlo al poder sortear las barreras interespecíficas;
pero lo cierto es que desde entonces la lista se ha ido ampliando a pasos
agigantados. Esto ha hecho que muchas organizaciones a nivel mundial, como en
el caso del SARS (Severe Acute Respiratory Syndrome), movilicen a médicos,
veterinarios y biólogos para preparar medidas de actuación dentro del sistema
sanitario público.
Incluso algunos científicos
hablan de una situación alarmante, ya que ha quedado bastante patente que las
barreras específicas no son suficientes para contener estas infecciones
animales. Quizás el caso más famoso sea el del virus HIV, que pasó al hombre
desde el mono a través de su ingesta en algunas zonas de África. Otra razón por
la que la comunidad científica se encuentra preocupada es porque, en la mayoría
de los casos, se trata de enfermedades con manifestaciones clínicas bastantes
graves. No se sabe muy bien el porqué de esta naturaleza tan virulenta, de cómo
es posible que el cuadro clínico sea igual de dramático, o más si cabe en
algunos casos, en la especie portadora originaria y en el nuevo hospedador.
Una de las características
de este fenómeno es que la zoonosis no se encuentra circunscrita a un tipo de
vehículo concreto: puede que el agente infeccioso se trate de un virus, una
bacteria,…, incluso de una proteína carente de genoma y ácidos nucleicos, al
que se le ha acuñado el término de prion. No queda muy lejos la fuerte
convulsión que sufrió nuestra sociedad
con el caso del “mal las vacas locas”. Su impacto fue enorme (incluido
el aspecto económico), puesto que esta enfermedad causada por un prion, también
denominada “encefalopatía espongiforme transmisible”, afecta al sistema
nervioso y a los músculos; además estas enfermedades pueden incubarse durante
años o incluso décadas en la especie humana, por lo que en los años venideros
podremos evaluar su auténtica repercusión, pudiendo llegar a hablar de
epidemia.
Debe quedar claro que no
estamos hablando de algo nuevo: la zoonosis es el resultado de una coevolución
del parásito y de uno o varios de sus hospedadores, llegándose a dar ciclos
enormemente complejos con portadores intermedios sanos (individuos infectados
sin síntomas de la enfermedad clínica). Pero tampoco podemos personalizar este
problema y situarnos como víctimas de este fenómeno ya que existen enfermedades
infecciosas que se han trasmitido desde el hombre a los animales, especialmente
a los domésticos. Recientemente se ha formulado un nuevo concepto, el de la
“zoonosis reversa” para hacer alusión a aquellas enfermedades que afectan a los
animales y que son nuevamente transferidos a la gente. Por poner un ejemplo: Staphylococcus
aureus, que en humanos es la bacteria causante de originar furunculosis,
también afecta a la vacas produciéndoles un cuadro más complejo acompañado de
mastitis.
Pero ha sido en estas últimas décadas, donde los casos de infección
animal se han multiplicado, cuando ha saltado la voz de alarma; en 1996 los
datos presentados por el departamento de Salud Pública del Estado de California
aseguraban que el 50 % de las enfermedades infecciosas padecidas por su
población eran de origen animal. Esto se debe en gran medida a la rotura de las
barreras físicas y a los nuevos hábitos alimenticios: la rápida urbanización,
movimientos migratorios, las nuevas formas de agricultura, el tratamiento de
engorde/crecimiento que sufren determinados animales, el turismo, la velocidad
de los medios de transporte (muy a considerar en los casos de epidemia),…todo
ello ha contribuido a que nuevos patógenos puedan llegar a infectar a otras
especies.
A partir de estos hechos,
¿qué cabe esperar que hagamos? Las distintas comisiones que se encargan de
estudiar estos casos han desarrollado cinco campos de actuación básicos: la
investigación clínica y epidemiológica de cada una de las enfermedades; la
investigación del agente infeccioso y de su transmisión; el desarrollo de
métodos de diagnóstico y detección; la evaluación de los riesgos y el diseño de
métodos de prevención y tratamiento de la enfermedad.
Ya estas medidas se han
tomado y dado su fruto, sin embargo los resultados se vuelven mucho más lentos
al considerar determinadas enfermedades generadas por virus. Estas partículas
infecciosas poseen una enorme facilidad para cambiar su composición antigénica,
o lo que es lo mismo, modificar las
proteínas de superficie a través de la reorganización de su material genético.
Este es el mayor problema que se encuentran los especialistas para hallar una
vacuna contra el SIDA. Pero hay otro ejemplo que pone aún más de relieve la
gran capacidad que tiene los virus para pasar a otras especies: los cerdos
pueden llegar a ser infectados por virus de patos y humanos. En el caso de
darse una co-infección, dentro de la célula hospedadora puede que uno de los
segmentos génicos que codifica para una proteína de superficie del virus humano
sea reemplazado por su homólogo en el virus del pato, por lo que esta nueva
forma quimérica no sería reconocida por nuestro sistema inmune. Este ha sido el
origen de grandes pandemias, dos de las últimas surgidas en China, como
consecuencia de la práctica de criar distintos animales de granja en el mismo
espacio.
No ha habido zona del mundo
que quedase libre de este mal; desde hace tiempo se considera a la zoonosis
como un fenómeno que no está estrictamente ligado a los países pobres o en vías
de desarrollo, aunque sí podemos decir que son zonas “calientes” por las
condiciones que se dan en ellos. Por esta razón, son muchos los programas que
se han puesto en marcha para detener este tránsito de patógenos, estando la UE
entre los primeros en su estudio e implantación. Y no es para menos puesto que
en un futuro muy próximo la mayor parte de las enfermedades que padecerá la
especie humana tendrán su origen en zoonosis. Recientemente hubo una alarma
global por la neumonía asiática, donde muchos apuntaron a los animales como el
foco de este nuevo brote tan virulento. En estos momentos estamos siendo
testigos de otro caso en Asia, el de la
"gripe del pollo", donde ya se están tomando medidas de cuarentena
para los pacientes y de eliminación de los posibles animales infectados. Para
más información, los que estén interesados pueden visitar las siguientes
direcciones: http://www.who.int/health-topics/zoonoses.htm
y http://www.cordis.lu/food/workprogramme.htm,
donde se presta una gran importancia a la seguridad en el control de alimentos,
una de las principales vías de entrada para nuestros posibles nuevos parásitos.
Sólo un dato: más de 250 enfermedades se han asociado con la comida y la bebida
en los Estados Unidos. Anualmente se estima que esta comida contaminada causa
de entre 6,5 a 33 millones de bajas por enfermedad, además de 9000 defunciones
en este país. Los filtros establecidos por EEUU no han servido para frenar el
número de afectados, y las últimas medidas han supuesto, además de una mayor
partida presupuestaria para la investigación, un cambio sustancial en sus
relaciones internacionales en lo que concierne a la importación de productos
alimenticios.
Néstor Acosta Ojeda es Licenciado
en Biología