FORO PARA LA PAZ EN EL MEDITERRÁNEO

El discurso inaugural completo de Donald Trump, con análisis y comentarios

 

ALGO ESTÚPIDO

Por ahora, Joquín L. Ramírez Diario Sur. Por ahora. 22.01.2017

A velocidad crucero, los acontecimientos se hacen imparables. Trump es hoy el 45 presidente USA y nadie como él para tumbar mitos. En la toma de posesión su discurso fue tan corriente como un mitin cualquiera más de su campaña. En primera línea, Obama, hizo todos los esfuerzos para que su expresión facial no llegase a mueca de desaprobación en casi ningún momento. Con el nuevo presidente ha llegado el pueblo -o la gente- al poder, según se pudo oír con nitidez.

Dicen analistas y observadores que ‘Trump is Trump’, o sea que la ansiada moderación que llevaría implícita el sillón, o la responsabilidad, o la alta magistratura, tiene que esperar. No es fácil despejar prejuicios y podernos asomar con nitidez al mirador de lo que hay. Obama es el primer presidente no blanco de la historia, sus maneras impecables y sus brillantísimos discursos y puestas en escena han dado paso curiosamente a generalizar un cierto desencanto por sus cacareados errores. Dicen que su política económica y su acción exterior han sido decepcionantes o hasta inadecuadas, inoportunas y negativas. La excepcional línea argumental de sus múltiples intervenciones públicas, su impresionante soltura y su envidiable oratoria, no parecen haber incidido en su obra con ese mismo alto nivel. Muchos le comparan con Kennedy por la misma cuestión. Aun siendo muy mejorable su paso por la Casa Blanca, que Obama haya bordado las formas es algo francamente importante e ingrediente principal aunque no suficiente de la acción política de un dirigente democrático. Ante las incertidumbres que ahora nos abruman, sería estupendo no tener la sensación -algo estúpido- de echarle de menos o, mucho peor, de echarle mucho de menos.

Y Trump dijo: «Recuperaremos nuestras fronteras, nuestros trabajos, nuestros sueños. Vamos a reconstruir nuestro país con manos americanas, con mano de obra americana. Desde ahora sólo será América primero. Nunca seréis ignorados de nuevo. Construiremos carreteras, puentes, aeropuertos. Seguiremos dos simples reglas: comprar en Estados Unidos y contratar en Estados Unidos. Durante demasiado tiempo hemos defendido las fronteras de otros. El 20 de enero de 2017 será recordado como el día que el pueblo volvió a gobernar este país.» En palabras de la periodista Julie Hirschfeld Davis todo se resume en: «no tengan miedo, la nación les protegerá. Only América (sólo América)».

Espectadores de ultramar asistimos a la puesta de largo de democracia americana intentando encontrar las palabras adecuadas más esperanzadoras que atañen a nuestros países y nuestra vida, pero cuesta. Si la OTAN está obsoleta y la globalización ha sido una mala idea, es como volver a empezar. Tras la sangrienta y terrible II Guerra Mundial, algunas cosas pudimos aprender, unos y otros se necesitaron, muestra de ello fue el Plan Marshall, o la necesaria alianza de las naciones, el Mercado Común Europeo -hoy Unión Europea-, los tratados comerciales o la decidida acción de colaboración internacional con inteligencia y generosidad. Si la declaración de intenciones y propósitos del presidente Trump son tal cual, habremos de no tomar ejemplo -con permiso de Lepen, Iglesias y otros- y continuar con nuestro camino reforzando los flancos más débiles y los que así nos vienen, sin dejar de mirar de reojo a nuestro tradicional aliado y su pretendido orden nuevo.

Durante muchos años el lenguaje internacional más positivo estuvo impregnado con el relato de ‘socios y aliados’. Siempre pensamos que los amigos en la vida de cada cual son riqueza objetiva, no estar solos siempre es la mejor prueba de vigor o fuerza, pues ignorar a los demás trae aislamiento y, en muchos aspectos, pobreza. A la vista de los nuevos populismos, ahora sabemos que esa manera de pensar era algo estúpido, un error. Crecer todos juntos, llevar la prosperidad y la democracia allá hasta donde pudiéramos llegar no es ya lo que queremos, hoy se prefiere alentar otras actitudes de mucho menor alcance y cierta rentabilidad electoral. El ‘only América’ es como el ‘only Junts pel sí’ o el continuo boicot al libre comercio, la negación real de la diversidad, por mucho que se predique exactamente lo contrario. Al fin, unos y otros populistas, distantes pero iguales, abogan por encerrarnos a todos en un pequeño solar en donde puedan mandarnos a placer, pues la hermandad de los pueblos y hasta la auténtica fraternidad -más allá de tanta palabrería- sólo son algo estúpido (como la canción ‘something stupid’, Carson Parks, 1966).

REITERA QUE BARRERÁ PARA CASA

Diario Sur, por Inocencio Arias, 21.01.2017

Las encuestas te dejan perplejo. El día de su coronación, sólo el 41% de los estadounidenses tienen buena impresión de Donald Trump. 52% lo desaprueban. Con Obama, al hacer mutis, ocurre justamente lo contrario. Sin embargo, paradójicamente, dos tercios de esos americanos se sienten mucho más optimistas que hace un año sobre el estado de la economía y aunque una mayoría opina que la causa es un cambio del ciclo económico son bastantes los que alegan que obedece a la llegada de Trump al poder. Más que los que alegan que es debido a la buena gestión de Obama. Y eso a pesar de que el presidente saliente ha venido siendo tratado en los medios de información mucho más generosamente que Trump.

La prensa más adversa recalca que el nuevo presidente ha sido elegido, si contamos las abstenciones más los que se inclinaron por Clinton o por otros candidatos, por menos del 30% de los posibles votantes. Las cifras parecen exactas pero también Lincoln fue elegido por una minoría y es el más venerado de los presidentes.

Aunque Trump se ha presentado como un unificador, pretensión también acariciada por Bush y Obama, que polarizaron considerablemente al país, su discurso de ayer fue populista, con algunos ribetes cursis y descalificando sin rodeos a la clase política. Ha dicho sin remilgos que esta no gobernaba para la gente sino que vivía en una torre de márfil. Obama, impecable en toda la ceremonia, no debía estar regodeándose y rumiaba quizás la diferencia entre la oratoria, algo rupestre y bastante demagógica del recién llegado con la suya en su ceremonia de hace años, con texto también leído en ‘teleprompter’, más elegante y realista.

Trump se ha dirigido especialmente a sus votantes, llegados de otras partes por centenares de millares (solo el 5% de los washingtonianos lo votaron), pero también ha dado avisos a navegantes incluso externos. Con su estilo directo ha recalcado una y otra vez que Estados Unidos, para «volver» a ser grande tendrá especialmente en cuenta sus intereses. Algo obvio en todos los dirigentes del mundo -¿en qué se fija Putin cuando apoya salvajes bombardeos de su aliado sirio o crea problemas en el interior de un país soberano como Ucrania? ¿Y la señora May cuando ‘chantajea’ a la Unión Europea sobre la negociación del ‘brexit’? ¿ Y Hollande cuando autoriza bombardeos con drones que matan sin juicio a sospechosos terroristas?- pero que Trump expone de forma maximalista en el estilo zafio que lo ha llevado a la Presidencia. Implícito estaba, lo ha apuntado en el pasado, que Washington ahora va ver con lupa con quién se gasta los cuartos en defensa. Reforzarse sí pero sus aliados también.

La ceremonia, con un costo de 90 millones de dólares, sufragado en buena medida por aportaciones privadas, mostró de nuevo que los estadounidenses saben organizar estas cosas. Y sí hubo desplantes de algún legislador demócrata, lo que no le viene mal al presidente que puede arrancar diciendo que sus rivales no saben perder, pero no los hubo de los presidentes anteriores ni por supuesto de los modistos. ¿Quién fue el idiota que creyó que ningún buen diseñador querría hacerle el traje a la nueva primera dama? No saben que la ceremonia como la de los Oscars tiene más repercusión en prestigio y ventas que mil pasarelas de moda?

Ahora Trump tendrá que gobernar y no dar pinceladas de brocha gorda como en su discurso. Se está rodeando de gente inteligente y realista. Como él, tienen muy escasa experiencia en puestos oficiales, Trump es el primer mandatario que no ha sido ni gobernador, ni senador, ni general, etc. Son, sin embargo, reconocidos como personas eficaces a las que su jefe parece haber instruido que sean ‘ellos mismos’, es decir que si es preciso le lleven la contraria. Es lo que ya han hecho varios de ellos desde el presentado para secretario de Estado como el de Defensa, quien por cierto, rompiendo una vez más con los augurios ominosos sobre el presidente y sus nombramientos, ha obtenido la aprobación de 23 de los 24 senadores que integraban la comisión preceptiva del Senado.

Muy significativa es la postura de Nikki Haley, la señora propuesta para ser embajadora en la ONU. Separándose de Trump ha sostenido que «no cree que se pueda confiar en Rusia, ha hecho algunas atrocidades». Ha concluido, sin embargo, repudiando a Obama y comulgando con su jefe al hablar de Israel: «nno me abstendré cuando cualquier acción de la ONU entre en conflicto con los intereses de Estados Unidos». Lo dicho, está en los genes de todos los políticos.

TRUMP PRIMERO

Diario Sur, por JOSÉ MARÍA DE AREILZA 21 enero 2017

Ayer no solo llegó Donald Trump a la presidencia de EE UU, se inauguró una nueva era en la política americana. En su primer discurso el mandatario siguió comportándose como si estuviera en un plató de televisión o en un mitín electoral y no consiguió elevarse y convertir su toma de posesión en un acontecimiento inspirador para el conjunto de su país. Utilizó como de costumbre la demagogia y enfrentó a los políticos de Washington con sus votantes. Enarboló como única idea fuerza ‘América primero’, expresión de un nacionalismo tosco y agresivo.

Algunas de sus proclamas conectaron con el ideario republicano, al ensalzar la iniciativa individual. Otras, sin embargo, fueron más propias del pensamiento demócrata, como los planes de inversión pública en infraestructuras. Pero yerraríamos si las analizásemos a través del mismo prisma con el que en su día situamos el inicio de presidencias como las de Barack Obama o de George Bush hijo. Mucho más que sus antecesores, Trump proyecta en su manera de entender la política y la democracia sus tics personales, la búsqueda de reconocimiento mediático y el deseo de ganar a toda costa en cada ‘jugada’. Lleva muy a gala ser un ‘outsider’ del sistema, un hombre hecho a sí mismo, que ha alcanzado el éxito empresarial, televisivo y ahora político sin hacer caso de consejos y convenciones y sin tener que moderar su comportamiento para hacerlo menos errático o imprevisible.

Su radical independencia frente a los patrones civilizados de comportamiento va a poner a prueba el sistema constitucional de EE UU. Al mismo tiempo, no fue una persona sino una dinastía la que ayer se instaló en la Casa Blanca. Trump se entiende a sí mismo como una marca mercantil que comparte y extiende a sus hijos y familiares.

El presidente número 45 de EE UU ha perdido popularidad en la transición desde la votación del 8 de noviembre, posiblemente por no aceptar que ha llegado el momento de la autocontención y el respeto a las instituciones y las exigencias del cargo. Le cuesta la presencia continua en Washington y la separación clara de sus negocios y aún no se toma en serio el trabajo que hacen las agencias de inteligencia. Sus primeros pasos en la escena internacional, confrontando a China, Europa y México, y haciendo grandes planes para cooperar con la Rusia de Vladímir Putin han llenado de temor a muchos.

No obstante, el presidente Trump, con su peculiar estilo, representa a una América oculta, que tiene miedo al futuro y se ha tomado en las urnas la revancha frente a la corrección política y el ensalzamiento de la diversidad cultural de los demócratas. Tras ocho años de Obama en la Casa Blanca, era el turno de un republicano. Trump ha tenido la habilidad de presentarse como tal y con un discurso populista, nacionalista y transgresor derrotar a la docena de oponentes en las primarias del partido de Lincoln. La debilidad de la candidata demócrata hizo el resto. Ayer, al nuevo presidente no le importó el boicot a su toma de posesión de las estrellas de Hollywood y de los cantantes más internacionales. En el fondo le halagan estos gestos, así como las manifestaciones y protestas en su contra.

La única celebridad es él, le van los enfrentamientos y le basta, al menos por ahora, con la música de la banda de los marines y de los intérpretes de música country. Ayer regresó a Washington el populismo que encarnaba hace casi doscientos años el general Andrew Jackson. Asistiremos a partir de ahora a muchos vaivenes, improvisaciones y radicalidad en el reino de Trump primero.

Reflexiones a “vuela pluma” de un cambio en el panorama mundial

Rafael Vidal, es coronel de artillería, diplomado de estado mayor y doctor en geografía e historia:

El discurso del nuevo presidente Donal Trump ha sido noticia comentada en los medios y analizado por los “considerados expertos” en política internacional y norteamericana.

En la inmensa mayoría de los casos las descalificaciones han sido la nota predominante, tachándolo de inexperto, inculto, ignorante, …, llegándose a indicar que su discurso, de frases cortas e innumerables pausas, era propio de un alumno de secundaria y no de un hombre de estado.

En el propio Estados Unidos y en muchas ciudades de la tierra se han anunciado movilizaciones para protestar contra Trump, incluso, más de uno pronostica un “proceso de destitución” (impeachment en inglés), a los que fueron sometidos varios presidentes, entre ellos Bill Clinton y Richard Nixon, resultado el primero absuelto y el segundo obligado a dimitir.

Donal Trump, un hombre exitoso en el mundo de los negocios, multimillonario, con capacidad de dirección, organización, motivación y coordinación en sus empresas y trabajadores, es todo, menos lo que se dice de él. Por supuesto es inexperto en la política de estado, pero ¿es que el rol de las grandes multinacionales, no se parece cada vez más a la relación entre los estados? Se critica el nombramiento como secretario de Estado de Rex Tillerson, máximo ejecutivo de Exxon Mobil, sin añadir que esta empresa ha ejercido como nexo de unión entre las políticas de Obama y Putin, en los últimos años, incluso con la poderosa China.

El discurso de Trump ha sido netamente para el ciudadano de Estados Unidos, con algunas severas advertencias hacia el exterior.

En los últimos años, desde el inicio de la crisis económica, que no se ha sabido solventar a nivel mundial, se ha producido una enorme brecha social y económica en las sociedades occidentales, de tal forma que los jóvenes y no tanto, de 30 y 40 años, magníficamente preparados, tienen unos sueldos de miseria, teniendo que trabajar el matrimonio y quedarse a cargo de los hijos los “abuelos” para poder llevar una vida digna.

A esos se ha dirigido Trump, porque la sociedad igualitaria, esa “sociedad del bienestar” está dejando de existir. La sociedad se ha dividido en tres nieveles económicos:

a)    Los que gana varios cientos de miles de euros,

b)    Los que no llegan a cincuenta mil, y

c)    Los que viven con diez o quince mil.

Esas deferencias son inadmisibles. Se propicia, no solamente por EE.UU., sino por la Unión Europa, la “deslocalización” de empresas en busca de mano de obra barata y menos contaminación, sin importar que el paro aumente o se mantenga en niveles muy peligrosos.

Trump ha dicho “basta” a que la carga de defensa y seguridad mundial, al menos de una buena parte de los países que se le son afines, como los de la OTAN y UE, recaiga sobre la economía norteamericana, mientras que los europeos, con numerosos líderes demagogos y tan populistas, como acusan al nuevo presidente norteamericano, claman por reducir el gasto en seguridad y defensa y de esta forma hacer más hospitales, apoyar a la dependencia, incrementar la sanidad y enseñanza pública, etc., en definitiva en basar todo el sistema en un “estado del bienestar”, imposible de sostener económicamente y que está provocando el endeudamiento progresivo de las generaciones futuras.

Es absurdo pensar, pero así lo declaran los “nuevos populistas progresistas” que la “policía represora y los ejércitos” son los que provocan la violencia y las guerras, y la gente se los cree, cuando es justamente lo contrario. Esos “populistas progresistas” lo que pretenden es desmantelar, al más puro estilo leninista (que en 1917 tenía justificación), el estado actual y convertirlo en la opresión total de una mínima parte sobre el resto de la población. A setenta años de ejemplo en la URSS nos podemos remitir.

Trump ha tratado sin tapujos un tema tabú para Obama, el “terrorismo islámico radical”, de tal forma que éste último fue tachado de musulmán. Trump ha dicho que lo erradicará de la faz de la tierra. No sabemos si los hará, pero desde luego, tras el fracaso de Bush hijo de derrocar a Sadam Hussein, la política exterior de Obama ha sido peor: no supo gestionar la primavera árabe, apoyó el derrocamiento de Mubarak, Gadafi y otros, en aras de una “supuesta democratización al estilo occidental”, consiguiendo únicamente que el norte de África, desde el Índico al Atlántico sea un total polvorín.

Amenazó a Bashar Al Assad y alentó un sublevación de una oposición, que ha resultado inexistente, por falta de unidad política, y en donde campean a sus anchas la amenaza de DAESH, precisamente ese terrorismo islámico radical que Trump pretende erradicar.

Obama se va en olor de alabanzas y multitudes, pero el mundo que nos ha dejado, es mucho peor que el que se encontró. Con Trump es difícil ir a peor y a lo mejor hasta mejoramos, al menos en seguridad en el Mediterráneo.

Read in English

Presidente de la corte suprema Roberts, presidente Carter, presidente Clinton, presidente Bush, presidente Obama, compatriotas estadounidenses y ciudadanos del mundo: gracias.

Ahora nosotros, los ciudadanos de Estados Unidos, estamos unidos en una gran iniciativa nacional para reconstruir nuestro país y restaurar su promesa para todo nuestro pueblo. Juntos definiremos el rumbo de Estados Unidos y el mundo durante muchos, muchos años por venir. Enfrentaremos desafíos. Confrontaremos dificultades, pero cumpliremos con el trabajo.

[Trump comienza con un mensaje esperanzador diseñado para atraer a todos los estadounidenses, pero hace una crítica implícita de lo que lo ha precedido. Sigue el ejemplo de otros presidente recientes, incluyendo a Obama, pues le agradece a su predecesor por haber tenido una transición sin complicaciones. Julie Hirschfeld Davis, reportera de la Casa Blanca].

Cada cuatro años nos reunimos en estas escaleras para realizar una transferencia ordenada y pacífica del poder, y estamos agradecidos con el presidente Obama y la primera dama Michelle Obama por su gentil apoyo a lo largo de esta transición. Han sido magníficos. Gracias.

Sin embargo, la ceremonia de hoy tiene un significado muy especial. Porque no solo estamos transfiriendo el poder de una administración a otra o de un partido a otro, sino que estamos transfiriendo el poder de Washington y se lo estamos devolviendo a ustedes, el pueblo.

Durante demasiado tiempo, un pequeño grupo de la capital de nuestra nación ha cosechado las recompensas del gobierno mientras que el pueblo ha pagado los costos. Washington floreció, pero el pueblo no compartió su riqueza.

[Esto es cierto. En décadas recientes la zona de Washington se ha convertido en uno de los lugares más prósperos de Estados Unidos, mientras que gran parte del país se ha estancado económicamente. Binyamin Appelbaum, reportero de política económica].

Los políticos prosperaron pero los empleos se acabaron y las fábricas cerraron. La élite se protegió pero no cuidó a los ciudadanos de nuestro país. Sus victorias no han sido tus victorias. Sus triunfos no han sido tus triunfos y, mientras ellos celebraban en la capital de nuestro país, las familias en dificultades no tenían nada que celebrar.

[Trump comienza con el tema que lo ayudó a ganar la elección: establece un contraste drástico entre él y la élite política, un marco de “nosotros contra ellos” mediante el cual contrapone al estadounidense común con las élites. Julie Hirschfeld Davis].

Pero todo eso va a cambiar justo aquí y justo ahora, porque este momento es su momento. Les pertenece a ustedes. Les pertenece a todos los que están aquí reunidos y a quienes observan a lo largo de Estados Unidos. Este es su día, esta es su celebración y este, los Estados Unidos de América, es su país.

Lo que de verdad importa no es qué partido controla nuestro gobierno, sino que la gente controle nuestro gobierno. El 20 de enero de 2017 será recordado como el día en que el pueblo volvió a gobernar este país.

[Los asesores de Trump dijeron que su discurso sería sobre acercarse a la gente y unir al país. En este pasaje, escuchamos un llamado a los miembros de ambos partidos. Julie Hirschfeld Davis].

Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país ya no lo serán. Ahora todos los están escuchando. Llegaron decenas de millones de ustedes para convertirse en parte de un movimiento histórico, uno como no se ha visto antes en el mundo. En el centro de este movimiento está la convicción crucial de que el país existe para servir a sus ciudadanos.

Los estadounidenses quieren excelentes escuelas para sus hijos, vecindarios seguros para sus familias y buenos empleos. Esas son demandas justas y razonables de gente honesta y un pueblo honesto, pero hay demasiados ciudadanos que viven una realidad distinta:

Madres y niños atrapados en la pobreza en los centros de nuestras ciudades, fábricas deterioradas que se extienden como lápidas a través del paisaje de nuestra nación. Un sistema educativo rebosante de efectivo pero que priva de todo conocimiento a nuestros jóvenes y brillantes estudiantes. Y el crimen, las pandillas y las drogas  han arrebatado demasiadas vidas y le han robado al país mucho potencial.

Esta masacre estadounidense termina aquí mismo y ahora mismo.

[Aquí hay ecos de su discurso durante la Convención Nacional Republicana, y describe en términos negativos las calles de Estados Unidos. Los crímenes violentos tuvieron un aumento del 4 por ciento en 2015, pero esa es una alza pequeña después de que el crimen disminuyera durante décadas. Estados Unidos sigue siendo mucho más seguro de lo que ha sido durante generaciones. Matt Apuzzo, reportero de seguridad nacional].

Somos una sola nación, y su dolor es nuestro dolor. Sus sueños son nuestros sueños, y sus éxitos serán nuestros éxitos. Compartimos un corazón, un hogar y un destino glorioso. El juramento que hoy hago es un juramento de lealtad a todos los estadounidenses.

Durante muchas décadas hemos enriquecido la industria extranjera a costa de la industria estadounidense, hemos subsidiado a los ejércitos de otros países mientras permitimos que el nuestro quedara tristemente mermado.

[Las ganancias corporativas alcanzaron cifras récord en años recientes. Las empresas estadounidenses más grandes se han beneficiado colosalmente de la globalización. Son los trabajadores quienes han sufrido. Binyamin Appelbaum].

[El Pentágono gasta cerca de 600 mil millones de dólares en el ejército estadounidense, más de lo que gastan los seis ejércitos más grandes del mundo combinados. Difícilmente puede considerarse una fuerza mermada. Eric Schmitt, reportero de seguridad nacional].

Hemos defendido las fronteras de otros países mientras nos rehusamos a defender las nuestras, y gastamos billones y billones de dólares en el extranjero mientras la infraestructura de Estados Unidos ha quedado en muy mal estado y se ha deteriorado. Hemos hecho ricos a otros países mientras la riqueza, la fuerza y la seguridad de nuestro país se ha esfumado en el horizonte.

Una por una, las fábricas han cerrado y abandonado nuestras costas sin considerar a los millones y millones de trabajadores estadounidenses que se quedaron atrás. La riqueza de nuestra clase media ha sido despojada de sus hogares y después redistribuida en todo el mundo. Pero ese es el pasado y ahora estamos viendo hacia el futuro.

[El comercio con China le costó a Estados Unidos cerca de un millón de empleos de manufactura entre 2000 y 2007, de acuerdo con un estudio reciente. Sin embargo, la automatización y el aumento de la eficiencia son una causa mucho más importante de la disminución de los empleos en las fábricas. La producción industrial estadounidense está en su nivel más alto de la historia. Son los empleos lo que se ha perdido. Binyamin Appelbaum].

Quienes estamos reunidos hoy emitimos un nuevo decreto que se escuchará en cada ciudad, en cada capital extranjera y en cada gobierno. A partir de este día, una nueva visión gobernará nuestra tierra. A partir de este día, solo Estados Unidos será la prioridad. Estados Unidos primero.

[Trump estudió los discursos inaugurales de Ronald Reagan y John F. Kennedy mientras escribía el suyo. Aquí hay un toque de Reagan al declarar que Estados Unidos fue un “ejemplo de libertad”. También se refiere a lo que Trump llegó a ver como un marco importante para su mensaje de “Estados Unidos primero”, un acercamiento nacionalista que era emocionante para sus simpatizantes y alarmante para muchos otros. Julie Hirschfeld Davis].

Cada decisión en torno al comercio, los impuestos, la inmigración y los asuntos exteriores se tomará para beneficiar a los trabajadores y las familias estadounidenses. Debemos proteger nuestras fronteras de la devastación de otros países que fabrican nuestros productos, se roban nuestras industrias y acaban con nuestros empleos. La protección nos brindará una gran fuerza y prosperidad.

Lucharé por ustedes con cada aliento de mi cuerpo, y jamás les fallaré. Estados Unidos empezará a ganar de nuevo. A ganar como nunca antes. Volveremos a traer nuestros empleos. Volveremos a tener nuestras fronteras. Volveremos a tener nuestra salud. Y volveremos a tener nuestros sueños.

Construiremos nuevas carreteras, autopistas, puentes, aeropuertos, túneles y vías férreas en toda nuestra maravillosa nación. Haremos que la gente no tenga que recibir bonos sociales y volverán a trabajar para reconstruir nuestro país con las manos y el trabajo de los estadounidenses.

Seguiremos dos simples reglas: comprar en Estados Unidos y contratar en Estados Unidos. Buscaremos lazos de amistad y buena voluntad con las naciones del mundo, pero lo haremos bajo la comprensión de que todos los países tienen el derecho a priorizar sus intereses.

No queremos imponerle nuestro estilo de vida a nadie, sino dejar que resplandezca como ejemplo. Seremos la luz que guía a todos. Reforzaremos viejas alianzas, formaremos otras nuevas y uniremos al mundo civilizado contra el terrorismo islámico radical, que será erradicado por completo de la faz de la Tierra.

[El uso de Trump de la frase “terrorismo islámico radical” para ser una decisión calculada de establecer un contraste con Obama, quien creía que alimentaba el discurso, perpetuado por los grupos terroristas, de que el mundo Occidental arremetía en contra de los musulmanes. Muchos republicanos argumentaban que el rechazo de Obama a usar la frase reflejaba debilidad. Julie Hirschfeld Davis].

El fundamento de nuestras políticas será una lealtad total a los Estados Unidos de América y, mediante la lealtad a nuestro país, redescubriremos la lealtad entre nosotros. Cuando le abres el corazón al patriotismo, no hay espacio para el prejuicio. La Biblia nos habla de lo positivo y agradable que es cuando las personas de Dios viven juntas y en unidad.

Debemos expresar lo que pensamos de manera abierta, debatir nuestros desacuerdos con honestidad, pero siempre buscar la solidaridad. Cuando Estados Unidos está unido, es totalmente imparable. No debe haber temor. Estamos protegidos, siempre estaremos protegidos. Nos protegerán grandes hombres y mujeres de nuestro ejército y las fuerzas del orden, pero lo más importante es que Dios nos protegerá.

[Esta es una declaración notable para un discurso inaugural. Trump toma un enfoque paternalista al elucidar los peligros que enfrenta la nación y reafirma a los estadounidenses al decirles: no tengan miedo; la nación los protegerá. Julie Hirschfeld Davis].

Finalmente, debemos pensar en grande y soñar más en grande. En Estados Unidos entendemos que un país solo vive mientras lucha.

Ya no aceptaremos a políticos que solo prometan y no cumplan, de los que se quejan constantemente pero nunca hacen nada al respecto. El momento para los discursos vacíos ha terminado. Ha llegado la hora de actuar. No permitas que nadie te diga que eso no se puede hacer. Ningún desafío puede equiparar el corazón, la lucha y el espíritu que tiene Estados Unidos. No fracasaremos. Nuestro país florecerá y prosperará de nuevo.

[Trump podrá estar basándose en sus predecesores, pero el estilo de su retórica parece único para un discurso inaugural. No hay nada de adorno en sus palabras. Es un mensaje simple transmitido de manera muy simple. Julie Hirschfeld Davis].

Atestiguamos el nacimiento de un nuevo milenio listo para revelar los misterios del espacio, para liberar a la Tierra de las miserias de la enfermedad y aprovechar las energías, industrias y tecnologías del mañana. Un nuevo orgullo nacional nos sacudirá, elevará nuestros prospectos y curará nuestras divisiones. Es tiempo de recordar esa vieja sabiduría que nuestros soldados jamás olvidarán: sin importar si somos negros, morenos o blancos, todos tenemos la misma sangre roja de los patriotas.

Todos disfrutamos las mismas libertades gloriosas, y todos saludamos la misma y grandiosa bandera estadounidense. Sin importar si un niño nace en la periferia de Detroit y otro en los llanos ventosos de Nebraska, miran hacia el mismo cielo nocturno. Llenan sus corazones con los mismos sueños y están permeados por el mismo aliento de vida que les dio el mismo creador todopoderoso.

Así que todos los estadounidenses en cada ciudad cercana o lejana, pequeña o grande, de montaña a montaña, de océano a océano, escuchen estas palabras. Jamás volverán a ser ignorados. Su voz, sus esperanzas y sus sueños definirán nuestro destino estadounidense. Y su valor, bondad y amor nos guiarán a lo largo del camino.

Juntos haremos que Estados Unidos vuelva a ser fuerte. Haremos que Estados Unidos vuelva a ser rico. Haremos que Estados Unidos vuelva a ser orgulloso. Haremos que Estados Unidos vuelva a ser seguro. Y, sí, juntos haremos que Estados Unidos vuelva a ser grandioso. Gracias. ¡Que Dios los bendiga y que Dios bendiga a Estados Unidos! Gracias. Que Dios bendiga a Estados Unidos.

THE NEW YORK TIMES 20 de enero de 2017

Donald Trump: “América primero”

Geopolítica 20.01.2017

PRIMEROS ACIERTOS Y ERRORES DE TRUMP

Por F. Javier Blasco; Coronel en la Reserva. 21 de enero de 2012

Javier Blasco. 21.01.2017

 

Posted in Uncategorized | Comentarios desactivados

La América de Trump

 

NOTA DE LA REDACCIÓN: Hoy 20 de enero de 2017, toma posesión como Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica Donald Trump, un personaje peculiar, populista y multimillonario, el cual ha sabido encarnar las necesidades de cambio de la mayoría de los votantes americanos.

Las posiciones entre los ganadores y los perdedores de las elecciones están muy encontradas, incluso el presidente saliente se ha puesto de parte de los segundos, de una forma abierta y totalmente inusual en unas elecciones del primer país en donde enraizó la democracia. Se calcula que habrá manifestaciones de cientos de miles de personas, tanto hoy día 20 de enero, como en el próximos días, llegándose a augurar por algún medio la posibilidad de un atentado contra el nuevo presidente en el momento de su toma de posesión.

El profesor Julio González de forma lúcida analiza la situación.

Por Julio González, Catedrático de Derecho Administrativo y Analista de Agenda Pública

Donald Trump tomará posesión hoy como 45 Presidente de los Estados Unidos. Posiblemente hayan sido las elecciones más complejas de los últimos años y la que abre más interrogantes. Pero, ¿han sido tan decisivas las elecciones de 2016? Sí, aparentemente han sido unas elecciones muy significativas por dos razones esenciales. La primera es que, nominalmente, el Partido Republicano tiene todo el poder en la actualidad. No obstante, no es un poder tan claro en la medida en que Trump fue también un candidato contra el establishment republicano. En segundo lugar, son las elecciones en las que se ha producido una victoria contra el establishment, tanto en el Partido Republicano como en el Partido Demócrata. Incluso se podría hablar de los votantes de Obama que han votado por Trump por su carácter rupturista que tiene.

Y esto abre unas consecuencias que pueden provocar conflictos: el del Trump con el establishment de Washington por sus políticas como por su forma de actuar; en segundo lugar, el que se percibirá con el establishment republicano que le ha ayudado a ganar las elecciones pero que no forma parte de su «núcleo duro» y con el que tendrá que convivir y, por último, incluso se podrá percibir un conflicto en el modo de actuar con el sistema de agencias y con el procedimentalizado proceso legislativo.

¿Qué va a poder hacer Trump en política exterior? En este aspecto, podremos encontrarnos con tres tipos de situaciones. La primera afecta a lo que será sencillo. Hay dos ejemplos de los aspectos como son intesificar las relaciones con Israel y terminar con los tratados multilaterales de libre comercio como el TPP. Resultará complejo, en cambio, que pueda cambiar otros elementos: no habrá un cambio radical en la política comercial, dado que el proteccionismo no sería bien visto por la sociedad estadounidense teniendo en cuenta los amplios incentivos que hay para la exportación y que constituyen un elemento central en la generación de renta, para los agricultores. Pese al poco tiempo transcurrido, los lazos económicos que se han generado con Cuba harán que una vuelta atrás no resulte posible. Y, en tercer lugar, no es previsible un cambio en relación con el acuerdo con Irán.

Entre ambos extremos se encuentra la política migratoria. No podrá ejecutar las deportaciones de todos los emigrantes ilegales, entre otras cosas por el impacto que tendría en la economía estadounidense. En cambio, sí continuará la política de deportaciones de Obama de aquellos que hayan cometido delitos, aunque hará más ostentación.

¿Qué va a poder hacer Trump en política interior estadounidense? También va ser compleja. De entrada, porque uno de los aspectos que quiere impulsar, la desregulación, conllevará mucho tiempo teniendo en cuenta el complejo procedimiento reglamentario que hay en EE UU. Desde un punto de vista de actuaciones materiales, Trump ha llegado con tres promesas: por un lado, el recorte de impuestos, muy complicado teniendo en cuenta la deuda pública y la necesidad de mantener ciertas prestaciones e incentivos públicos a la economía; por otro, el plan de infraestructuras de 3.000 millones de dólares. No hay partidas presupuestarias que lo pudieran soportar. Y por último, el obamacare: posiblemente el punto en donde pueda chocar más con intereses de la población. El problema central es que no se intuye nada con lo que lo pueda sustituir y hay multitud de aspectos del programa con el que la sociedad estadounidense están muy satisfechos ya que los costes sanitarios en EE UU son altísimos.

Por todo ello, hay dos aspectos que se deben tener en cuenta. El pesimismo viene por una conjunción de factores: en primer lugar, su personalidad y su sensación de que las reglas no se le aplican. De hecho, su personalidad puede provocar reacciones exageradas tanto por sus partidarios como por los detractores de Trump. Dentro de ellos, un factor es la falta de un programa claro de gobierno. En segundo lugar, su equipo. Y dentro de ellos, preocupa especialmente el director de su Gabinete, Reince Priebus y Stephen Bannon, el nuevo director de estrategia de la Administración Trump y uno de los principales representantes de los movimientos alt-right que han aupado a Trump a la Presidencia.

Asimismo, respecto al Tribunal Supremo,. Trump va a tener que designar al menos un juez, que sustituya al fallecido Scalia. Ginsburg puede que presente la dimisión próximamente si cumple lo que ha señalado, sobre todo después de la polémica con Trump cuando era candidato. Esto provocarían dos elecciones que repercutirán negativamente en la creación de los Estados Unidos del futuro.

Tras estos aspectos, uno podría plantearse si hay algún motivo para el optimismo. Hay que llamar la atención en la solidez del sistema estadounidense de checks and balances, referido tanto a los mecanismos federales de control de la Presidencia como a los que provienen de los Estados, que permitirán limitar la capacidad de actuar de Trump.

Las Provincias 20.01.2017

Tribuna de Diario Sur de 20.01.2017 publica la misma reflexión

Posted in Uncategorized | Comentarios desactivados

Carta de Europa: La oferta que los europeos no podrán rechazar

 

NOTA REDACCIÓN DEL FORO PARA LA PAZ EN EL MEDITERRÁNEO: La Unión Europea y por ende sus estados miembros deben de ponerse a trabajar para aumentar su seguridad hacia el exterior y comenzar una campaña sobre sus ciudadanos de que es necesario incrementar los gastos que ello conlleva. Lo más probable es que no se pueda contar con el apoyo de Estados Unidos de Norteamérica con la intensidad  que ha existido en los 50 años de existencia de la OTAN

JEREMY SHAPIRO: Director de investigación en el European Council on Foreign Relations (ecfr.eu). Ha sido director del proyecto de Orden Internacional y Estrategia en Brookings Institution (Washington DC) y miembro del equipo de Planificación Política en el departamento de Estado de Estados Unidos

De unas relaciones transatlánticas predecibles durante décadas, los europeos se encuentran ahora con un presidente de EEUU que cuestiona el concepto de alianza y respeta los liderazgos fuertes.

Fue mala suerte que la primera visita de Donald Trump a Europa fuera a Sicilia. Trump no viaja mucho al extranjero. Pero quería acudir al encuentro del G8, principalmente porque había organizado la vuelta al club de su buen amigo el presidente ruso, Vladimir Putin. El único problema era que casi todo el conocimiento que Trump tenía de Sicilia proviene de su admiración por El Padrino.

Su discurso para los líderes de las principales democracias subrayó que la seguridad europea y asiática se gestionará bajo un modelo de protección propio de la mafia. “Qué bonito país tenéis aquí”, bromeó con un perplejo primer ministro italiano, “sería una pena que le pasara algo”. Incluso antes de que llegara formalmente la “oferta que los europeos no podrían rechazar”; más tarde ese verano, el efecto en la relación de Estados Unidos con sus aliados europeos fue catastrófico.

Las líneas anteriores son una obra de ficción, una descripción prematura de lo que podría suceder. Pero sirven para resaltar el desafío que la presidencia Trump presenta para los europeos.

Las relaciones transatlánticas han sido predecibles e incluso aburridas en los últimos años. Sus disfuncionalidades y disputas son rituales, pero han servido a los intereses de los socios transatlánticos bastante bien y la alianza ha sido eficaz en conjunto. Desde la perspectiva de EEUU, los europeos, de forma individual y a través de foros multilaterales como la OTAN o la Unión Europea, han sido socios de preferencia en cualquier empresa relevante de política exterior. Para los europeos, la alianza ha servido para mantener a los americanos interesados e implicados en los asuntos del viejo continente, a pesar de Oriente Próximo y la importancia de Asia.

Pero, por primera vez en generaciones, un presidente de EEUU cuestiona el concepto mismo de “alianza”. Trump la percibe en términos instrumentalistas y, de no ser radicalmente remodelada, afirma que EEUU simplemente dejará sola a Europa para lidiar con sus problemas.

El desafío existencial de Trump

Es necesario ser cauto al aventurar qué hará Trump. A lo largo de su campaña, centrada mayormente en cuestiones internas y en inmigración, ha evitado hacer promesas específicas y ha esquivado presiones externas para cumplirlas. En política internacional, ha adoptado un nivel de incoherencia que celebra la idea de que sus declaraciones van más allá de los dictados de la lógica. Declaró un desinterés profundo en usar la fuerza en el exterior, pero propuso bomb the shit out of los campos de petróleo controlados por Estado Islámico en Irak y Siria, y llevarse el petróleo.

La falta de coherencia ha llevado a muchos a asumir que realmente no importa lo que Trump haya dicho en el periodo de campaña. Existe una creencia entre gobiernos europeos de que, o bien el sistema americano de pesos y contrapesos impedirá las propuestas más radicales del presidente electo, o bien quizá no se retire de la OTAN. No obstante, resulta un planteamiento peligrosamente autocomplaciente. Los presidentes de EEUU gozan de enorme libertad en política exterior. Tras el 11-S, George W. Bush y Barack Obama han centralizado aún más el proceso de decisión sobre política exterior en la Casa Blanca. El Congreso apenas ha protestado y ha evitado en gran medida asumir responsabilidades en la materia.

A juzgar por la reacción hasta la fecha de los líderes republicanos en el Congreso, existen pocos motivos para creer que se comportarán de otra manera. El presidente Trump asumiría por tanto una maquinaria ejecutiva bien definida e independiente para conducir la política exterior.

Trump se contradice a sí mismo con frecuencia, pero tiene una visión propia sobre política exterior desde hace décadas en torno a tres pilares que nunca ha abandonado. Uno, EEUU tiene un acuerdo desfavorable con sus aliados. Dos, el enfoque de EEUU hacia el libre comercio ha empobrecido a los trabajadores estadounidenses y debilitado el país. Tres, es mejor un acuerdo con hombres fuertes autoritarios que con líderes europeos.

Los ‘malos’ aliados

Trump ha declarado sistemáticamente que EEUU mantiene malos acuerdos con sus aliados y para con el orden mundial. En 1987, gastó 100.000 dólares de su dinero para publicar un anuncio a página completa en New York Times en el que defendía esta idea. EEUU ha afrontado la factura de la seguridad global durante generaciones sin apenas recibir nada a cambio. El acuerdo de seguridad entre EEUU y Japón de 1951 es para Trump el ejemplo perfecto de este tipo de políticas desfavorables, ya que obliga a EEUU a defender a Japón, pero no obliga a Japón a defender a EEUU.

Para él, los enemigos de EEUU pactan acuerdos duros, pero al menos sabes en qué posición estás con ellos. Trump asegura que Putin es alguien “con quien se llevaría muy bien”, mientras que en Angela Merkel –el interlocutor más importante de Obama en Europa– ve alguien que “se deja llevar” y “acepta el petróleo y gas que puede de Rusia”, mientras que EEUU “lleva la iniciativa en Ucrania”.

Trump está decidido, por tanto, a lograr mejores acuerdos con los aliados de EEUU. Por ejemplo, en la alianza transatlántica, socios europeos como Alemania deberían pagar por el privilegio de la protección americana. Si no cumplen con sus obligaciones, “no serán defendidos”. Para Trump, los aliados no deberían necesitar protección, pues Europa debe afrontar la carga de gestionar conflictos que son eminentemente europeos, como Ucrania o la crisis de los refugiados.

Malos acuerdos comerciales

El segundo pilar de la política exterior de Trump consiste en su convencimiento de que los acuerdos de libre comercio han perjudicado a EEUU. Sus percepciones sobre comercio se remontan a la década de los ochenta y los debates respecto al comercio entre EEUU y Japón. Para él, las élites americanas, en un esfuerzo por atraer hacia sí a los aliados potenciales de la Unión Soviética, sacrificaron los intereses de la economía estadounidense en favor de intereses extranjeros. Con la guerra fría cerrada, esta mentalidad ya no es pertinente y EEUU puede promover acuerdos que antepongan los intereses económicos del país a las ambiciones globales de las élites cosmopolitas. Según Trump, “el americanismo, no el globalismo, será nuestro credo”.

De ahí, que el presidente electo se haya comprometido a retirar a EEUU de una serie de acuerdos comerciales “inaceptables”; incluyendo la revisión del Tratado de América del Norte con México y Canadá (Nafta, en inglés) e, incluso, de la Organización Mundial del Comercio. Las perspectivas del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) básicamente murieron el día que Trump ganó las elecciones. Sin embargo, no considera que el comercio sea inherentemente malo para la economía estadounidense. Trump parece creer que, en negociaciones bilaterales, podría aprovechar el tamaño del mercado de EEUU y su propia capacidad de negociación para obtener mejores resultados.

La ventaja del hombre fuerte

La fascinación de Trump hacia líderes fuertes y autoritarios viene de lejos. Después de una visita a Moscú en 1990, criticó la falta de mano dura de Mijail Gorbachov a la hora de responder a los desafíos que afrontaba la URSS en aquel momento. Comparó esta supuesta debilidad con la dura respuesta del gobierno chino tras las protestas de Tiananmen, subrayando públicamente el positivo valor del poder de la fuerza. Durante la campaña electoral alabó al expresidente iraquí, Sadam Husein, al norcoreano Kim Jong-Un, al sirio Bachar el Asad y al fallecido líder libio Muamar el Gadafi. Más visiblemente, Trump se ha involucrado en una especie de bromance con Putin.

La admiración de Trump por los líderes fuertes es algo más que una preferencia personal; es una demostración de su creencia de que los individuos fuertes “ganan” a lo largo de la historia. Los sistemas que no dejan emerger a los líderes fuertes, diluyendo el poder y el proceso de toma de decisiones, generan líderes débiles y, por tanto, naciones débiles. La UE está, para él, condenada.

Trump, un nuevo desafío

La visión del mundo de Trump presenta un desafío para las relaciones transatlánticas. Por supuesto, el presidente electo desea un reparto de las cargas más equitativo respecto a política exterior que el vigente durante décadas. El pivot hacia Asia de la administración Obama reflejaba ya en parte esta idea. Pero comparar a Obama con Trump pone de manifiesto todo lo que es nuevo. Los intentos por igualar el reparto de cargas de seguridad de EEUU –incluyendo los de Obama–han partido de la idea de que los mejores aliados de Washington son las democracias, que su propia prosperidad proviene de un amplio sistema global de comercio e inversión y que la seguridad europea debe ser protegida, por Europa si es posible y por EEUU si es necesario.

Los anteriores presidentes estadounidenses de posguerra han buscado abiertamente una asociación más equilibrada con Europa, que consideraban un interés fundamental de EEUU y, por tanto, eran reacios a abandonar Europa y dejarla con sus propios recursos.

Trump, por el contrario, cree en muros y océanos. Según su visión, EEUU puede y debe mantenerse al margen de los problemas de otras regiones. Por ejemplo, Trump no cree que EEUU deba ofrecer asistencia en la crisis de refugiados europea. A diferencia de cualquier otro presidente estadounidense desde Harry S. Truman, Trump no comparte la idea de que EEUU tenga relaciones especiales con países por el solo hecho de que sean democracias.

Un futuro ‘trumpiano’

Esta visión, por tanto, sí representa una amenaza existencial a la alianza transatlántica, pues está enfrentada a principios asentados durante décadas en dichas relaciones. El temperamento volátil de Trump y su tendencia a ridiculizar a sus aliados aportaría un nuevo y perjudicial tono a la diplomacia transatlántica.

La resonancia del mensaje del America First deriva en parte de las ventajas de la geografía americana y el histórico mito de su independencia. Trump puede hacer tales afirmaciones con credibilidad, porque EEUU tiene opciones a corto plazo para aislarse de los problemas del mundo, e incluso reducir su dependencia en el comercio global.

La UE, sin embargo, no cuenta con esa opción. No puede aislarse de los problemas del este de Europa o de Oriente Próximo por mucho tiempo. Su estructura económica muestra incluso más interés en un sistema de comercio global que EEUU. Esta diferencia fundamental en la situación de los estadounidenses y los europeos significa que el grado de confianza de Europa respecto a EEUU para su seguridad y prosperidad tiene un límite.

Muchos miembros de la UE están cayendo en la introversión justo en el momento que crecen las amenazas a la seguridad en sus fronteras en el Sur y el Este. Demasiados gobiernos en Europa aún creen que pueden contar con Washington para asegurar sus intereses claves. Pero con Trump, EEUU se volverá también más ensimismado y menos predecible como socio internacional. Los europeos deberían tomar nota y, al menos, adoptar medidas proactivas para incrementar visiblemente las cargas que comparten en la alianza transatlántica y su capacidad para desplegar acciones independientes y cooperativas con un nuevo EEUU.

Estudios de Política Exterior 18.01.2017

Posted in Uncategorized | Comentarios desactivados

Fallece el director de la escuela de vela del Real Club El Candado

 

 

El Foro para la Paz en el Mediterráneo está de luto, al fallecer en un accidente de tráfico el director de la Escuela de Vela de una de las entidades constitutivas del Foro: el Real Club El Candado.

Nuestras condolencias a su familia y al Club.

Diario SUR 15.01.2017. Real Club El Candado

Posted in Uncategorized | Comentarios desactivados

Todas las caras de Cervantes. Alhaurin de la Torre

 

Extraordinaria repercusión en los medios la muestra de Cervantes en Alhaurin de la Torre.

La exposición itinerante “MÁLAGA Y CERVANTES: LA ESPADA Y LA PLUMA” es una actividad oficial de la Comisión Nacional del IV Centenario, organizada por el Foro para la Paz en el Mediterráneo, con la colaboración en itinerancia por la provincia del Área de Cultura de la Diputación de Málaga y los respectivos ayuntamiento en donde se ha exhibido y en donde se seguirá haciendo, dado que el año Cervantino culmina el 1º de junio de 2017.

El Comisario de la Muestra Diego Estrada Fernández, ingeniero, arquitecto, inspector de Hacienda (jubilado) y alférez de complemento de Caballería, empleo del que se siente especialmente orgulloso, ha sido el gran promotor del conocimiento de la figura de Cervantes entre la juventud y población en general de nuestra provincia.

El Diario Sur, en su edición del 15 de enero de 2017, ha querido sumarse a la conemoración:

Posted in Uncategorized | Comentarios desactivados