La Universidad de Málaga (UMA) y quienes compartimos camino con Javier Trujillano vivimos con enorme tristeza su fallecimiento, cuando cursaba sexto curso de la L.ª Promoción de esta Facultad.

Javier Trujillano, amigo, compañero y futuro médico, recorrió el camino con una grandeza que muchos solo alcanzan al final de su carrera.

Javier entendía la medicina no como una profesión, sino como una vocación profunda. En cada examen, en cada práctica, en cada conversación sobre pacientes, demostraba que su deseo de cuidar era auténtico. Tenía esa sensibilidad especial que no se aprende en los libros: sabía escuchar, sabía ponerse en el lugar del otro, sabía estar.

Sus principios eran claros y firmes: constancia, disciplina, dedicación y sacrificio. No eran solo palabras; era su forma de vivir. Estudiaba cuando otros descansaban, insistía cuando algo se hacía difícil, avanzaba cuando el cansancio invitaba a parar. Nunca buscó atajos. Creía en el esfuerzo silencioso, en el trabajo bien hecho y en el compromiso con sus sueños. No llegó a terminar la carrera de medicina, pero dejó algo más importante que un título: dejó ejemplo. Ejemplo de compañero leal, de amigo sincero, de persona íntegra. La medicina pierde un médico que prometía ser brillante, pero nosotros perdemos algo aún mayor: su presencia, su risa, su forma de animarnos incluso en los días más duros. Su vida fue más breve de lo que merecía, pero su impacto permanecerá en todos los que tuvimos la suerte de caminar a su lado. En cada guardia futura, en cada paciente atendido con humanidad, habrá algo de Javier.

Descansa en paz, amigo. Allí donde estés, seguirás cuidando.

- Pablo Pérez Blázquez

- Isaac Uribe Guzmán 

- Moisés Amores Esteban

- Jorge Soto Fernández

Compañeros L.ª Promoción Facultad de Medicina, Universidad de Málaga