La práctica de la Medicina en España se encuentra regulada (BOE-A-2003-21340) y requiere para su ejercicio titulación oficial española válida (Grado en Medicina) o su homologación o reconocimiento cuando se obtiene en el extranjero. Sin embargo, para acceder al ejercicio como médico especialista, la opción elegida por más del 95 % de nuestros egresados es realizar la Formación Sanitaria Especializada (FSE) en España, tras superar el examen MIR que convoca anualmente el Ministerio de Sanidad. El examen MIR presenta una orientación claramente clínica. En la última convocatoria, celebrada el pasado 24 de enero, aproximadamente el 55 % de las preguntas correspondieron a asignaturas de carácter clínico vinculadas a nuestro departamento. Este hecho reaviva un debate recurrente en el ámbito universitario: ¿deben las Facultades de Medicina formar buenos médicos generales o buenos candidatos al MIR?

Los datos oficiales disponibles sobre el ranking de las Facultades de Medicina publicados por el Ministerio de Sanidad han sido tradicionalmente escasos y, en ocasiones, confusos. Durante años, estos se basaron en posiciones relativas, los conocidos percentiles, que sitúan a un estudiante concreto respecto al conjunto de aprobados. A partir de ellos se definían tres grupos:

  • Grupo fuerte, por encima del percentil 73;
  • Grupo medio, entre los percentiles 27 y 73;
  • Grupo débil, por debajo del percentil 27.

Este sistema ocultaba una realidad relevante. En el denominado grupo medio podían concentrarse, según la convocatoria y el número de plazas ofertadas, alrededor de 6.000 aspirantes, comprendidos aproximadamente entre la posición 2.500 (límite inferior del grupo fuerte) y la posición 8.500 (inicio del grupo débil). La diferencia práctica entre ambas posiciones es enorme: con un número cercano al 2.500 se puede optar a numerosas especialidades y hospitales, mientras que con un número próximo al 8.500 —aunque formalmente dentro del mismo grupo— las opciones se reducen de manera muy significativa.

Desde 2025, el Ministerio de Sanidad ha incorporado un indicador adicional más sencillo e intuitivo: el P50, que representa la posición mediana de los egresados de cada facultad que superan el MIR, junto con el porcentaje total de aprobados por universidad. Este nuevo enfoque facilita una comparación más directa entre centros.

A la luz de estos datos, la Facultad de Medicina de Málaga no se sitúa en posiciones favorables. En la última convocatoria, se encuentra en el tercil inferior en porcentaje de egresados aprobados (puesto 36 de 43) y, en cuanto a la posición mediana de los aprobados (P50), el valor se situó en torno al 4.800, lo que corresponde aproximadamente a los puestos 28–29 de 42 facultades.

Estos resultados son coherentes con análisis independientes, como el realizado por el blog MIRentrelazados, coordinado por el profesor José María Romeo Ladrero, que ha evaluado los resultados de las facultades españolas en el MIR durante los últimos doce años. En este análisis longitudinal, la Facultad de Medicina de Málaga ocupa el puesto 32 de 41.

En resumen, los egresados de la Facultad de Medicina de Málaga, en términos globales, no presentan buenos resultados en los principales rankings del MIR. Ante esta evidencia, resulta poco útil recurrir a la dicotomía retórica entre formar médicos o formar candidatos al MIR. Otras muchas facultades españolas, con características estructurales y contextuales similares, consiguen formar buenos médicos y, al mismo tiempo, obtener buenos resultados en el MIR.

El reto, por tanto, no es elegir entre vocación clínica y rendimiento en el examen, sino analizar de forma crítica qué aspectos de la formación pueden y deben mejorarse para que ambos objetivos dejen de percibirse como incompatibles.

 

 

Manuel F Jiménez-Navarro

Catedrático de Medicina (Cardiología)