Historia de la Facultad de Ciencias de la Educación
Orígenes
El origen de las Escuelas Normales de la provincia de Málaga, germen de la actual Facultad de Ciencias de la Educación, se remonta al 4 de octubre de 1846. Ese día se inauguró la Escuela Normal de Maestros malacitana de forma provisional y accidentada, después de los numerosos e insistentes requerimientos del Gobierno para cumplir con la obligación establecida en la Ley del 21 de julio de 1838 y en la R.O. del 3 de diciembre de 1840. El primer local se situaba en el desamortizado Convento de San Francisco de la capital. El desinterés y la indolencia de las autoridades locales y provinciales por consumar este deber fue tal que tardaron más de ocho años en hacer realidad lo estipulado en la normativa. Sin embargo, ese intento quedó en tan solo una corta experiencia. En 1849, se cerró el centro por motivos económicos, fundamentalmente.
La Ley Moyano, de septiembre de 1857, fue un impulso al carácter de las Escuelas Normales, puesto que adquirieron el rango de escuelas profesionales, junto a las de Veterinaria, Náutica, Aparejadores, entre otras. Se acordó su plan de estudios, se ordenó el establecimiento de una en cada provincia y una Normal Central en Madrid; todas ellas con una escuela aneja para prácticas. Se establecieron dos grados: elemental de dos años y superior de tres, correspondientes a las dos etapas de la educación primaria.
Ese nuevo marco legislativo estimuló la apertura de la Escuela Normal Superior de Maestros malagueña el 15 de septiembre de 1859, en el edificio de San Telmo, compartiendo espacio con el Instituto Provincial. Contó inicialmente con 47 alumnos. El nuevo centro estaba dirigido por Marcelino Insaurriaga, y los docentes eran Isidoro Fernández Monje, José García Vázquez, Pedro Ignacio Cantero y Rafael Herrera.
En cuanto a las maestras, tras complejos trámites y obstáculos de diversa índole, comenzó su labor como Escuela Normal Superior el 20 de enero de 1861, aunque la inauguración oficial aconteció el 18 de septiembre del año siguiente. Compartía sede con la de los Maestros y la Escuela de Bellas Artes, con su correspondiente escuela de prácticas. El primer año tenía 25 alumnas.
El plan de estudios tenía relevantes diferencias con respecto al de los maestros. Así, por ejemplo, en el grado superior, la asignatura de Geometría y Dibujo Lineal debía tener aplicación para el trazado y corte de trajes y se introdujo la asignatura de Labores de Adorno y Primor; mientras que en el grado elemental se incluyeron Economía e Higiene Doméstica y Labores Comunes del Sexo y Corte de Prendas más usuales entre familias pobres. Todas ellas estaban a cargo de docentes cuyo salario era menor al de sus compañeros.
Los requisitos, algunos comunes a los hombres, eran tener entre 17 y 30 años, fe de bautismo, certificados de buena conducta expedidos por el alcalde y el párroco de su domicilio, certificado de no poseer enfermedad infecto-contagiosa y autorización paterna o marital.
Tras diversas vicisitudes, incluidos cierres y reaperturas, las Escuelas Normales de Maestros y Maestras de Málaga jugaron un papel relevante en la vida cultural de la ciudad con iniciativas como el Centro Pedagógico gratuito, organizador de conferencias, reuniones literarias o excursiones.
Siglo XX
Las Escuelas Normales de Málaga durante el primer tercio del siglo XX ocupaban el mismo edificio original, con el consiguiente deterioro. Lentamente, su sede fue quedando pequeña y las condiciones de insalubridad fueron notorias.
Como contrapunto al menoscabo de las condiciones materiales, hay que anotar la trayectoria de docentes de estos centros que destacaron y lideraron equipos de profesionales innovadores. En este sentido, caben mencionar especialmente a las dos directoras de la Normal de Maestras: Suceso Luengo (1899-1914) y Teresa Azpiazu (1914-1926). La primera, pedagoga, feminista, defensora de métodos pedagógicos innovadores, poeta, articulista en varios medios escritos y conferenciante. Entre sus numerosos textos publicados, destacó el Anteproyecto de organización de la Escuela Normal de Maestras, redactado junto con su compañera Teresa Azpiazu, donde propusieron un modelo de formación alternativo al institucional.
El periodo de libertad democrática de la Segunda República entre 1931 y 1936 amparó la unificación de las dos Escuelas Normales en una sola, la Escuela Normal del Magisterio Primario, aboliendo la división de hombres y mujeres del alumnado. También vio la luz un avanzado plan de estudios denominado Plan Profesional de 1931. Todas estas medidas, a pesar de la oposición de sectores muy conservadores, fueron apoyadas desde la Normal malacitana.
A partir de 1939, un buen número de docentes del centro malacitano fue depurado y sancionado de diversas formas por la Dictadura, como la suspensión de empleo y sueldo, entre otras medidas. Volvió la separación de sexos, y se crearon las “Escuelas de Magisterio” masculina y femenina. A la primera se le denominó “Poeta Salvador Rueda” y a la segunda “Teresa Azpiazu”. También se eliminaron todos los avances legislativos obtenidos en la normativa republicana.
A partir de 1957, dirigió la Escuela Normal de Maestros Antonio Gil Muñiz: docente desde 1946 y autor de numerosas obras sobre Pedagogía, como, por ejemplo, sobre Historia de la Educación o Teoría de la Educación. Además, durante la etapa republicana fue Director General de Enseñanza Primaria.
Durante la década de los sesenta del siglo XX llegaron a Málaga los primeros tímidos avances en materia educativa del Régimen. Se inauguró el 25 de abril de 1960 una nueva sede para las dos Escuelas de Magisterio en el barrio de El Ejido, se unificaron los dos centros en uno, en septiembre de 1964, y se aprobó el plan de 1967, que recuperó algunas disposiciones del plan de 1931 y la histórica denominación de Escuela Normal.
Pero no es hasta 1970, con la Ley General de Educación, cuando los estudios de Magisterio no alcanzaron el rango de universitarios. La norma dispuso la incorporación de las Escuelas Normales a las Universidades pasando a llamarse Escuelas Universitarias de formación del profesorado de Educación General Básica (EGB). En el caso de Málaga, el centro se integra en la Universidad de Granada por medio del Decreto 1381/1972, de 25 de mayo. Pero justo unos meses después, en agosto de 1972, se crea la Universidad de Málaga, donde se adscribió por el Decreto 250/1973, de 1 de febrero. La integración supuso un cambio trascendental en todos los ámbitos. Hubo que modificar el plan de estudios en 1971 y, de nuevo, en 1977. Un año más tarde, se cerró un largo y complicado proceso de incorporación de sus docentes a las categorías profesionales contempladas en las universidades. Poco a poco se implantaron diferentes especialidades: tres en el 72/73 (Ciencias, Ciencias Humanas y Filología) y dos más en el 79/80 (Educación Especial y Preescolar). Estos planes estuvieron en vigor hasta el curso 94/95.
Con todo ello, la Escuela Universitaria se convirtió en el curso 1981/82 en el centro de la UMA con más estudiantes, alcanzando la cifra de 2.500 entre oficiales y libres y catorce departamentos.
Hacia la Facultad de Ciencias de la Educación
Los cambios continuaron sucediéndose. En el curso 1991/92, Magisterio y sus diecinueve departamentos se trasladan al nuevo edificio del campus de Teatinos, compartiendo espacio con los estudios de Pedagogía y Psicología, en el denominado Complejo de Educación y Psicología.
Con respecto a los estudios de Pedagogía, en los planes de las Facultades de Filosofía y Letras de España se creó en 1973 la sección Ciencias de la Educación, dentro de la División Filosofía y Ciencias de la Educación, según la Resolución del 17 de julio de ese año (BOE del 8 de septiembre de 1973). Estos planes se trasladaron, posteriormente, a la Universidad de Granada por la Resolución del 24 de septiembre de 1974 (BOE 19 de octubre 1974).
A continuación, ese plan se trasladó a la recién creada Universidad de Málaga y a su Facultad de Filosofía y Letras, según la resolución de 3 de octubre de 1974 (BOE, 24 de octubre 1974). Así, se implantó en esta provincia, la Sección de Ciencias de la Educación.
Finalmente, en la Facultad de Filosofía y Letras malacitana se aprobó un nuevo plan de estudios de la Sección de Ciencias de la Educación, por el BOE de 27 de enero de 1984 (Orden 18 de noviembre de 1983), dentro de la División de Filosofía y Ciencias de la Educación. Igualmente, la Ley de Reforma Universitaria de 1983 propició diversas reuniones que pretendían conseguir Facultades de Educación en el país. Todos estos esfuerzos se vieron culminados en 1992 en Málaga. La Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de EGB se integró, junto a los estudios de la Sección de Pedagogía procedentes de la Facultad de Filosofía y Letras, en la Facultad de Ciencias de la Educación por el Decreto 156/1992 de la Junta de Andalucía.
La Facultad añadió después a su oferta la licenciatura en Psicopedagogía (planes de 1995, 1999 y 2005) y la Diplomatura en Educación Social (planes de 2003 y 2005). Asimismo, actualizó en 2005 la titulación de Maestro en todas sus especialidades.
Actualidad
En 2009-2010 se creó el Consejo de Estudiantes para que el alumnado pueda canalizar sus opiniones y su participación en la vida universitaria.
En la actualidad la Facultad de Ciencias de la Educación cuenta con alrededor de 200 profesores y 4000 estudiantes que cursan los grados de Educación Infantil, Educación Primaria, Educación Social, Pedagogía, Doble Grado en Educación Primaria y Estudios Ingleses y Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, así como ocho másteres oficiales y tres programas de doctorado.



