Exposición de Francisco Peinado

Presentación: 27 de mayo a las 20h

Fecha
: Del 27 de mayo al 2 de julio de 2021

Lugar: Sala de Exposiciones del Rectorado de la Universidad de Málaga. Av. Cervantes, 4 

Comisariada por Antonio Abad

Horarios de visita al público: Lunes a sábados de 10h a 14h y de 17h a 21h (Cerrado festivos)

Entrada libre 

Visitas guiadas: Puede reservar escribiendo a ignacio@cmmalaga.com (indique día, hora y número de personas).

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Francisco Peinado (Málaga, 1941) es un artista indefinible que siempre ha tratado de subvertir la realidad, transgrediéndola, impregnándola de algún tipo de novedad o de suceso a través de la introspección, la jocosidad y los sueños, pero sobre todo de un apasionado análisis de lo cotidiano.

 Es la suya, por tanto, una propuesta fuertemente dramatizada, llena de arrebatos y de impulsos irónicos, que nos introduce en un mundo absurdo y fantasmal, poblado por seres desorientados y arquitecturas imposibles. Un mundo en el que lo mágico y los mitos conviven con su autor, en su casa de Alhaurín de la Torre, frente al espejo del tiempo y el abismo de la soledad.

Peinado es un pintor que profundiza en su realidad circundante y en la condición humana a partir de su particular dialéctica de lo visible y lo invisible, y todo para conformar una plástica llena de ensoñaciones y de turbulencias, como si todo lo que le rodea, sus misterios y sus veleidades, se hubieran incrustado en el pulso de su mano para luego despeñarse a lo largo de la superficie del lienzo.

Dicho proceso insiste, primordialmente, en manifestar la esencia del sinsentido, porque nos encontramos ante un proceso poco convencional en cuanto a técnica y concepción de la obra pictórica, dado que en Peinado la objetividad de las cosas tienen un significado ambiguo, y por eso la realidad como tal no le interesa sino la excitación que dicha realidad le produce. Como consecuencia, existe un cuestionamiento permanente. Toda la acción pictórica de Francisco Peinado es una pelea con sus propios hallazgos, penetrando en la esencia del pigmento para desbocarlo por caminos y sendas aún no transitadas, obteniendo de él sus más puros valores plásticos, y renegando, al mismo tiempo, de su maestría técnica o de su depurado oficio. Es como si a la talla de un diamante le estuviera impidiendo reflejar su belleza.

Digamos que hay en todo ello la sensata habilidad de escapar de cualquier adocenamiento. A Peinado le da miedo imitarse y busca en su desasosiego permanente nuevas rutas de exploración donde volcar sus fantasmas y demonios.

Queremos decir que Peinado es el cuadro. De ahí su insistencia en distorsionar el orden de las cosas, en imponer el caos y desgravitar el mundo, profundizando en sus íntimos temores, sumergiéndose en el lienzo, y no solo en un sentido metafórico, sino en su afán de constituir una plástica dialogante con los materiales que utiliza, a veces de los más extraños y extravagantes que pueda tener a mano. Pero en este menester el resultado final siempre será una incógnita porque nunca habrá un boceto previo ni una idea ni la mínima intencionalidad compositiva, solo un impulso o el esfuerzo descomunal y ciego de perderse en el vértigo del color y el laberinto de las formas.

Su pintura, por tanto, tan diversa y tan compleja, no puede encasillarse en ninguna tendencia estilística al uso por su carácter irracional. Estamos, en todo caso, ante una obra con una iconografía propia, una especie de «bestiario sensorial» que nos hace adentrarnos por su particular universo de ensueños y excentricidades.

Antonio Abad