Continúan las investigaciones de la Universidad de Málaga en Venta Micena, en Orce, (Granada). Si recientemente el científico de la institución malagueña Alejandro Granados demostraba que este yacimiento se originó en un lago de agua dulce de escasa profundidad, un nuevo estudio publicado en la revista 'Scientific Reports', del grupo editorial 'Nature', pone de manifiesto un nuevo hallazgo científico, aclarando que la hiena gigante caricorta del Pleistoceno inferior, Pachycrocuta brevirostris, fue la única responsable de generar las ingentes acumulaciones de restos óseos conservadas en el yacimiento de Venta Micena.

El artículo lo lideran paleontólogos y estratígrafos de la Universidad de Málaga y, también, participan un investigador ICREA del Instituto Catalán de Paleoecología Humana i Evolució Social (IPHES), de Tarragona, y otro de la Universidad Complutense de Madrid.

El yacimiento paleontológico orcense de Venta Micena, situado en la cuenca de Baza, tiene una antigüedad próxima a 1,6 millones de años y atesora un registro fósil excepcional de las comunidades del Cuaternario europeo. De los 400 m2 excavados hasta el momento se han recuperado varias decenas de miles de restos fósiles, conservados de manera excepcional, que comprenden anfibios, reptiles, aves y micromamíferos; pero sobre todo grandes mamíferos como elefantes, hipopótamos, rinocerontes, caballos, búfalos, bueyes almizcleros, caprinos varios, ciervos grandes, medianos y pequeños, conjuntamente con una amplia diversidad de carnívoros, que abarcan osos, lobos pintados, una especie similar al chacal, llamada Canis orcensis, un zorro, dos especies de tigres con dientes de sable, una pantera, un lince, un tejón y otros carnívoros más pequeños.

El estrato Venta Micena, “plagado” de tales fósiles, se extiende horizontalmente a lo largo de más de dos kilómetros y medio, en una superficie de más de un km2. “Hay que tener en cuenta que un km2 abarca un millón de m2, lo que nos da una idea sobre las dimensiones del patrimonio paleontológico que aguarda a ser exhumado, varias decenas de millones de fósiles”, explica el catedrático de Paleontología de la UMA Paul Palmqvist, uno de los autores de este trabajo.

Hasta la fecha se han excavado sistemáticamente 10 localidades a lo largo del estrato fosilífero. De ellas, la que responde a las siglas VM3 es la más estudiada y se ha interpretado como un cubil de cría de la hiena gigante Pachycrocuta brevirostris, cuyo tamaño igualaba al de una leona, de más de 120 kg.

Allí, las hienas transportaron los cadáveres de las presas arrebatadas a los cazadores dominantes del ecosistema, tigres con dientes de sable y lobos pintados, procediendo una vez en su cubil a fracturar los huesos para acceder al tuétano de su interior, lo que generó un ingente basurero de restos esqueléticos en su entorno.

Desde el año 2005 se viene excavando también intermitentemente otro corte, VM4, cuyo registro fósil muestra una conservación algo mejor que la de VM3. Por ello, investigadores granadinos sugirieron el año pasado que dicha acumulación podría haber sido generada por otro carnívoro con menor capacidad de fracturar huesos que las hienas, como una de las dos especies de félidos con dientes de sable identificadas en Venta Micena, Homotherium latidens y Megantereon whitei, o el lobo pintado Canis (Xenocyon) lycaonoides.

“Esta propuesta resultó sorprendente, pues la dentición extremadamente especializada de los dientes de sable no les permitía romper huesos, abocándoles a una dieta exclusivamente hipercarnívora, limitada a las vísceras y paquetes musculares de sus presas”, afirma Palmqvist, quien, por otro lado, añade que los lobos no transportan regiones esqueléticas, sino que ingieren grandes cantidades de carne que luego regurgitan para alimentar a sus crías.

Así, la comparación de VM4 y VM3, objeto del estudio actual, ha permitido concluir que las diferencias indicadas en el trabajo anterior de los investigadores de la Universidad de Granada no eran del todo correctas, debido, en parte,  al reducido número de fósiles estudiado en VM4 y a la ausencia de control estadístico.

El nuevo análisis muestra que VM4 se generó también en el entorno de un cubil de hienas, aunque esta acumulación presenta una mayor frecuencia de elementos en conexión anatómica (entre ellos, extremidades de rinocerontes y perros salvajes conservadas completas y articuladas), así como una menor meteorización de la superficie de los restos óseos y menos marcas de corte por carnívoros.

En comparación con VM3, esto indica que los huesos de VM4 estuvieron menos tiempo expuestos a las inclemencias atmosféricas y al mordisqueo por las hienas antes de su enterramiento en el sedimento. Además, este trabajo de la UMA desvela, de forma inédita, cómo se pudieron acumular millones de fósiles a lo largo de una extensión kilométrica.

“Ningún cubil de cría de hienas puede tener una extensión tan grande. Se trata, por tanto, de cubiles diferentes, separados en el espacio y en el tiempo”, asegura el investigador de la UMA.

Según el experto, el estrato Venta Micena, con un espesor aproximado de un metro, muestra diversos niveles de emersión, que corresponden a la estación seca de varios años consecutivos. En dichos momentos, cuando el nivel de las aguas del lago pleistoceno de Baza descendía, las hienas establecían sus cubiles en la llanura alrededor del lago. Al llegar las lluvias, el nivel de las aguas subía, cubriendo y conservando con fango calizo los cubiles y el basurero de huesos acumulados en ellos por las hienas.

Así, se concluye que, dado que las hienas seleccionaban cada año al azar el emplazamiento de sus cubiles, transcurrido el suficiente número de años la totalidad de la llanura se cubriría de restos óseos. El año en el que tuvo lugar la acumulación de VM3 las lluvias invernales se retrasaron y las aguas del lago tardaron más en subir, lo que dio tiempo a las hienas (y a la meteorización) de actuar más a fondo sobre los huesos. En cambio, el año en el que se generó VM4 las lluvias se adelantaron, por lo que tanto las hienas como las inclemencias atmosféricas modificaron menos los restos esqueléticos acumulados en el cubil.

El nuevo estudio de la UMA muestra, pues, la necesidad de realizar un buen muestreo y al adecuado tratamiento estadístico de los datos obtenidos para poder arrojar luz sobre el contexto en el que se generan los yacimientos paleontológicos.